miércoles 29 de noviembre de 2006

 

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Contrastes de la urbe

Juan Limachi | Crítica en Línea

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Martha Estela, con nombre de estrella y vida de miserable, se pasea por los lugares más selectos de la ciudad con un cartucho negro como equipaje. (Foto: Corella/ EPASA)

Los contrastes de la ciudad se observan con mayor claridad en los alrededores de la Iglesia El Santuario Nacional, que se encuentra a pocos metros del Centro Bancario, donde la presencia de indigentes y la pujanza económica chocan frontalmente.

El desfile de desamparados es constante: unos sentados en las aceras, otros caminando por las calles en busca de un poco de comida y algunos juntando latas y botellas para poder venderlos. Simultáneamente, marchan raudos bancarios, ejecutivos y turistas, indiferentes ante el drama de los menesterosos.

DIEZ AÑOS EN LA CALLE
Martha Estela es una indigente que camina "sin ton ni son" con unos cartuchos en la mano, en busca de no se sabe qué destino. Ella para por esta zona más de 10 años. Quienes la conocen le dan un apoyo cuando pueden.

"Por aquí la gente siempre me ayuda, algunos me dan comida, un peso y chicha", balbucea mirando con desconfianza la cámara fotográfica.

"A veces le compró comida, cuando me va bien cuidando carros", dice Emilio McKlyn, quien se rebusca todos los días por las inmediaciones del Santuario Nacional o frente al Banco Nacional en Vía España.

Este joven colonense tiene cinco años trabajando en esta zona, cuida vehículos y, cuando llueve, ayuda a las damas a cruzar la calle con paraguas en la mano.

DUERME BAJO UN ARBOL
Javier Jaén es un hombre de mediana edad, vive tres años en esta zona y duerme bajo un árbol a pocos pasos del Hotel Continental. Su cama es una banca de cemento. Algunos turistas, que se dirigen a un casino cercano, se detienen y le tiran algunas monedas.

"Tengo familia en Río Abajo, pero ya no los visito. He decidido hacer mi vida independiente porque creo que es mejor de ese modo", aseguró demostrando entereza en medio de la adversidad.

Este desamparado se ha hecho popular por las inmediaciones del Rey de Vía España, donde siempre recibe ayuda de los peatones y los comerciantes que le tiran un salve cuando se puede.

"No pido mucho, sólo quiero mi espacio para poder seguir viviendo, sin hacerle daño a nadie", afirma mientras toma aliento para continuar su recorrido.

 

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