Los panameños que resultaron afectados por las lluvias en Panamá Oeste, Coclé y Colón, necesitan la ayuda sostenida del Estado. La mayoría perdieron todo: casa, ropa y lo más importante sus cultivos, que constituyen su fuente para subsistir.
Aparte de rehabilitar los caminos, puentes, escuelas y carreteras destruidas, esos casi 5, 000 panameños han quedado sin nada. Son áreas donde la pobreza es evidente y para colmo, las inundaciones han empeorado las cosas para ellos.
El lodo y las aguas sucias cubren las casas y las escuelas. Frente a lo sucedido se requiere una adecuada planificación al momento de reubicar a los afectados. No se puede permitir la construcción de residencias y otras estructuras en las cercanías de ríos y quebradas. La naturaleza casi siempre repite sus estragos y sería desastroso permitir que en unos cuantos años, esa gente sufra nuevamente la tragedia que hoy viven.
Al mismo tiempo, la población debe mostrar mayor solidaridad para con esos hermanos. La ayuda no sólo debe provenir del Estado. Como cristianos deberíamos mostrar una mejor caridad frente a lo sucedido.
A veces observamos a gente gastando dinero en raudales en fiesta y licor, pero al momento de expresar solidaridad con el prójimo, se muestra tacañería. Hoy es esa gente humilde de las montañas y sitios cercanos a las costas la que sufre los embates de la naturaleza, pero mañana esos nos puede golpear a los que vivimos en la ciudad y entonces clamaríamos por la ayuda humanitaria de nuestros hermanos.
En estos días de diciembre donde hay mayor circulante, saca un poco de lo que te sobra y destina una buena colaboración para los campesinos que hoy no tienen ni casa ni comida. ¡Ese sería un buen regalo ante los ojos de Dios!.