Aunque hay diferencia conceptual, muchos panameños roban o hurtan como si fuera esto algo natural. Muchos obtienen materiales de las empresas donde laboran para uso personal y otros ven cosas mal puestas en la casa de sus vecinos y se las quedan.
La diferencia entre robar y hurtar está únicamente en que el primero se registra una acción violenta para apropiarse de dinero u objeto, pero para Dios, esta diferencia conceptual no existe y se constituye en pecado como quiera que sea.
Uno de los mandamientos más tajantes de la Biblia, que no deja lugar a dudas en nuestra mente respecto a la voluntad de Dios, es la ordenanza de NO ROBAR. Así de sencillo. El robo es equiparado con la mentira y el engaño, y en la Biblia Dios estipula que el acto de robar cualquier cosa que pertenezca a otro, es un pecado.
El robo es el producto de la decadencia social, moral y espiritual de las personas. La ausencia de valores que ponen límites a las personas, y la falta del conocimiento de un estándar espiritual que rija sus vidas, es lo que hace a las personas creer que tienen derecho de robar lo que otras personas han obtenido con el esfuerzo de su trabajo. Simplemente creen que esta bien, que es "su derecho". Otras personas lo hacen por mera venganza: "Si a mi me robaron, entonces yo robaré, eso es justo". Esta distorsión es producto del engaño y el error.
Dios es un Dios justo y no puede ser burlado. El pecado de robar se produce cuando se incuba en la mente la tentación de robar, y aunque la Biblia señala a Satanás como el primer ladrón y mentiroso, y el tentador, en este caso no lo vamos a culpar a él por lo que nosotros hacemos, por eso debemos ir a los pies del Señor y arrepentirnos por nuestro pecado.
Si usted ha cometido esta acción ilícita y muestra arrepentimiento busque la manera de acercarse al Altísimo y cambie por su bien. Sólo Él puede ayudarle a rehacer su vida.