"Resido en Altos del Silencio, una comunidad ubicada en los límites de Río Indio, y mis seis hijos se quedaron aislados allí desde el pasado martes cuando empezó el desborde del río", narró la señora María Rodríguez, con la tristeza reflejada en su rostro.
Sentada en una silla vetusta que una mano generosa le brindó para descansar, habla sin pausa en busca de ayuda. Ella no ha dormido tres días. Tiene temor de la inseguridad que reina en el lugar.
MI HIJO MAYOR SI PASO
"Cuando ocurrió la tragedia, me encontraba de vuelta a mi pueblo, después de haber visitado a unos familiares en San Joaquín. Justo pocos minutos antes de pasar el puente de Tres Marías, vino la inundación y las aguas se llevaron todo", dijo.
Según contó la damnificada, que se unió a las 150 personas afectadas en esta zona, el único que ha podido pasar por unas cuerdas es su hijo mayor que ha ido en ayuda de los menores que deben estar temblando de miedo por el temporal.
"No sabía que el tiempo estaba tan malo. Cuando entramos en la ruta de Los Faldares nos agarró una lluvia torrencial y el camino se puso fangoso e intransitable, hasta que quedamos varados", apuntó.
NO PIERDE LA ESPERANZA
Pese a la magnitud del desastre que se observa alrededor con las plantaciones destruidas, animales muertos y casas arrasadas, ella no pierde la esperanza de que su hijo ha llegado a Altos del Silencio y se hecho cargo de los niños.
"Espero que Dios me los cuide en todo momento, porque la verdad que esta situación está muy fea por aquí", sostuvo.
Rodríguez se encuentra refugiada en un rancho donde encontró cobijo. Espera que las lluvias acaben pronto y baje el nivel del río para pasar al otro lado y reencontrarse con su familia.