Brasil jugó a lo campeón y no dio opciones a Italia, al saber que este partido era una final de eliminación y que el que perdiera prácticamente quedaría fuera de la lucha por las medallas.
No fue un partido especialmente bonito, aunque hubo acciones espectaculares aisladas, pero como Bernardo Rezende, el técnico brasileño, había dicho en la víspera: era un partido para ganar en equipo. Dicho y hecho.
Brasil se comportó como una auténtica manada de lobos, acechando a su rival lento, pero indefectiblemente hasta hacerle cometer errores. Ellos, por el contrario, no arriesgaban, iban paso a paso sabedores de que el partido era una carrera de fondo y que había que esperar para esprintar cerca de la meta.
Cuando el set estaba en sus últimos momentos, Brasil no esperó más y lanzó el ataque definitivo. Giba, quien si no, firmó la victoria. Brasil volverá a luchar por las medallas.