Cuba consiguió subirse al carro de las victorias, en la segunda fase del mundial de voleibol, ante una República Checa que les creó muchos problemas por la altura de sus jugadores.
La igualdad fue la nota predominante de un partido en el que Cuba buscó la diversidad en su juego, en vez de estrellarse contra el muro checo, contra el que tenían todas las de perder.