El presidente Ricardo Martinelli oficializó el martes el aumento a los jubilados. Y como ya es costumbre en esta administración, nadie salió a explicarle detalladamente a los contribuyentes y a los cotizantes de la Caja de Seguro Social de dónde saldrá el dinero para cubrir este incremento.
Lo único que se ha revelado es que el 60% del aumento provendrá de las arcas del Gobierno y el 40% de las maltrechas finanzas de la CSS.
Nuevamente la Caja ha sido víctima de una promesa hecha al calor del proselitismo político. Cumplirla puso en aprietos al propio Martinelli y a la Administración del Seguro. Eso evidencia que no se trató de una estrategia debidamente planificada, sino de una improvisación.
Cuando se le pidieron detalles a Martinelli sobre cómo se financiaría el aumento, contestó que él podía responder por lo que aportará el Gobierno, pero no por lo que decida la Junta Directiva del Seguro.
Sin embargo, una de sus promesas de campaña afecta directamente las finanzas de la Caja. Acaso alguien consultó a la institución antes de comprometer sus fondos. Los miembros de la Junta Directiva aseguran que no.
Mejorarle el nivel de vida a los jubilados es un acto de justicia. Nadie objeta eso. Pero esas son decisiones que comprometen los aportes y el futuro de muchas personas que ponen sus cuotas en manos de una institución esperando que sean bien administradas. Es hora ya de que los políticos dejen de ver la CSS como una catapulta para sus aspiraciones presidenciales.