Bueno, bueno, siempre he dicho que somos un país surrealista, que rehúsa el concurso de la razón y su gran enemigo es la realidad, pues reduce lo real a imaginario buscando cambiar las cosas. Es una constante destrucción de la realidad como necesaria para reconstruirla ¿o si?
Por cierto que planteo esto nuevamente al conocer el debate sobre principios democráticos en la comisión de reformas electorales, exigiendo para la postulación presidencial libre unas siete mil firmas, unos y quince mil otros, mientras los partidos hablan de treinta mil ¿o no?
De paso los llamados independientes insisten en pocas firmas pues ellos solo tienen tres meses para obtenerlas y los partidos cuatro años, como si para aspirar a presidir el estado vas a tocar puertas tu solo, sin ninguna organización ¿o si?
Vuelve a mi memoria la retrospectiva de medio siglo atrás, cuando como de costumbre, algunos llamados dirigentes populares cuya fuerza posiblemente no transcendía un barrio o caserío, se quejaban de los treinta mil adherentes necesarios para inscribir un partido, alegando ello impedía la participación de las minorías y dejaba los torneos electorales un intercambio entre los grandes partidos, ya fueran liberales o arnulfistas o luego los coalicionistas.
El presidente de entonces, uno de los mejores de la historia, don Ernesto de la Guardia Jr., de quien fui un joven jefe de prensa, cansado de la vana y surrealista discusión, cortó por lo sano y redujo drásticamente la cuota partidista, con lo cual se atomizó el panorama electoral y salieron de cada callejón las candidaturas mas inverosímiles, produciendo un desmadre donde hubo casi tantos votantes como aspirantes ¿o no?
Situación histórica que no recordamos pero repetimos.
Porque hoy en día, a falta de los partidos ideológicos, hay empresas electorales, y en ausencia de dirigentes de una clase política bien estructurada, cualquiera se cree con derecho y respaldo popular para convivir con las garzas ¿o no?
Es realmente de espanto asomarse al balcón del futuro político nuestro, con tanto improvisado sintiéndose el Mesías redentor de la angustia nacional, porque el surrealista tiene algo existencial que es el temor a la vida vacía, sin sentido y repetitiva, por lo cual es preferible perderse en el mundo fantasmagórico de la fantasía, irracional, explosiva e inconsciente, que nos convierta espontáneamente en redentores ¿o no?
Bueno eso es todo por hoy pero tranquilos que el próximo jueves habrá mas.