Analizar la situación limítrofe de Nicaragua y Costa Rica no tiene sentido y menos cuando la Organización de Estados Americanos (OEA) ha emitido una resolución en la que reconoce la presencia militar nicaragüense de manera injustificada en territorio tico.
Los costarricenses reconocen la plena soberanía de los nicas en el río San Juan, por lo que no hay excusas para que el presidente Daniel Ortega continúe con esta polémica, además de involucrar a países como Colombia, México y Panamá.
Pero Ortega no solo incurre en estos desaciertos, sino que amenaza con incursionar en el Río de Barro Colorado, fuente fluvial que pertenece a su país vecino.
Esta trama llevada a cabo por el presidente nicaragüense nos recuerda cuando Manuel Antonio Noriega inició una supuesta lucha nacionalista que le llevó a crear las condiciones internas que después terminaron con su mandato y conducción ante la justicia estadounidense.
En el caso de Ortega, pareciera una estratagema para buscar la reelección o la concesión de poderes especiales para gobernar por parte del Congreso, algo similar a lo que hizo Noriega en Panamá.
Otras similitudes que pueden observarse en la actitud de Daniel Ortega es la reafirmación de sus relaciones con el mundo árabe y otros grupos que atentan contra los intereses del modelo político y económico del continente.
No es extraño que la relación con estos grupos del Medio Oriente tengan como objetivo el financiamiento de una ruta acuática por Nicaragua, que les permita paso expedito, sin control para, tal vez, ejecutar actividades que atenten contra la seguridad de la región.
El juego de Daniel Ortega pareciera a simple vista un disparate político que podría dar al traste con sus intereses y enterrar al sandinismo. Los costarricenses y los nicas se conocen bien, por eso debe imperar la prudencia del gobierno y pueblo de Costa Rica.