Teniendo todas las condiciones para funcionar como un país desarrollado, continuamos anclados a vicios y malas prácticas como sociedad. No es el tamaño del territorio lo que determina el éxito de un país, sino la cultura, el amor por su tierra y educación de la gente. Por ejemplo, en pleno siglo XXI aún es común ver conciudadanos tirando toda clase de desperdicios en la vía pública, al punto que nuestros ríos y playas parecen auténticos muladares.
En meses recientes hemos visto con buenos ojos algunas de las medidas tomadas por nuestros gobernantes, y en particular las que se refieren al transporte. Aunque no todos los panameños se desplazan por autobús, todos sufrimos la anarquía y el desorden en las calles.
Un tren metropolitano como sistema de transporte es una buena idea, aunque no es nueva. En el año de 1960, siendo Argimiro Velarde Álvarez, mi padre, diputado por Veraguas en la Asamblea Nacional, planteó un metro como solución, siguiendo básicamente la misma ruta que está siendo divulgada ahora. Aunque en los años 60 ya eran comunes los tranvías y trenes subterráneos en muchas ciudades de países desarrollados, el concepto fue discutido aquí públicamente, pero luego archivado por vanguardista, arriesgado y costoso. Don Argi y otros partidarios de esta idea estaban claramente adelantados a su tiempo.
Por supuesto que hace falta analizar qué tipo de medio de transporte (subterráneo, suspendido, mixto) sería el más rentable de acuerdo a la topografía e inversión total, pero ese es precisamente el y tipo de debates que deben fomentar los medios de comunicación, hasta impulsar un referéndum al respecto, si fuera necesario.
Aplaudimos esta iniciativa porque significará una activación económica con descongestionamiento de tráfico, una reducción notable tanto en la contaminación ambiental, como en la cantidad de accidentes y enfermedades cardiovasculares causadas por el estrés, y por consiguiente, un salto cuántico en la calidad de vida. Si mi padre pudiera ver que sus ideas no cayeron en saco roto, estaría orgulloso de este terruño y su gente, que defendió con tanta vehemencia.