La sombra del fracaso planea de nuevo sobre la Cumbre de seguridad alimentaria promovida por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, para tratar de movilizar recursos en la lucha contra el hambre en el mundo, que afecta ya a más de 1, 000 millones de personas.
Con la ausencia de los líderes del G-8, a excepción de su anfitrión Silvio Berlusconi, los trabajos prosiguieron con las intervenciones de los jefes de las delegaciones internacionales en el plenario, entre las que predominaron las de gobernantes de países africanos y latinoamericanos.
Destacaron países como Zimbabue y Cuba, que pidieron que las naciones ricas no utilicen como "arma política" las ayudas al desarrollo agrícola destinadas a los países subdesarrollados.
Por su parte, el presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, expresó su deseo de que el acuerdo alcanzado en la Cumbre del G-8 en LAquila (Italia) de destinar 20.000 millones de dólares a la lucha contra el hambre "no sea politizado y los fondos se destinen a asistir a los países en vías de desarrollo para sus estrategias agrícolas".
CONFERENCIA
jefes de Estado y de Gobierno asisten a la conferencia que busca frenar el hambre que afecta a más de mil millones de personas, entre ellas 53 millones en América Latina.