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Naturaleza

Por: Milcíades Ortíz | Periodista

La periquita tuvo mala suerte ese día. Por años había disfrutado de casi absoluta libertad en la jaula. Hasta le habrían la puerta, pero no se iba tal vez porque tenía las alas recortadas...o la atendían muy bien en esa casa.

Pero todo lo bueno tiene su final. Ese día se apareció un enorme gato negro que decidió convertirla en su alimento.

Fue fácil para el gato cazar a la bulliciosa periquita.

Apenas sintió los afilados dientes de la bestia en su cuerpecito, le periquita chilló.

La abuela escuchó el llamado angustioso de la periquita pidiendo ayuda. Se enfrentó al enorme gato y le arrancó el querido pájaro de la boca.

Confiesa la abuela que la periquita la miró como si fuera un ser humano. Batió sus alitas... y murió.

Fueron horas de lamentos y llantos entre los niños. Por más que los adultos les explicaban que la "naturaleza" del gato es comer pájaros, no entendían por qué atacó a la querida mascota.

Con un solemne entierro en un rincón del patio disminuyó la tragedia, aunque no desapareció de los corazones de los chiquillos.

Al escuchar el otro día ese relato, recordé que varias veces me ha sucedido algo parecido. Y no he podido cambiar las leyes de la naturaleza.

Hace semanas atrás, una "talinga" que gustaba buscar bichos en el patio de la casa, fue víctima de un gato hambriento.

Me di cuenta por el escándalo que tenían otros tres pájaros compañeros de la que atacaron.

Traté de ahuyentar al gato... pero recordé un viejo cuento infantil llamado"El Principito". Allí se explica que las zorras comen gallinas porque es su naturaleza.

Y mi mente me llevó por el "túnel del tiempo". Recordé cuando era niño, en la casa paterna de Calle Primera Parque Lefevre.

Varias veces salí en plena noche a tirarle biombazos y balines a las zorras que asaltaban el gallinero de mi tío Vicente Lapadula.

Es doloroso ver cómo un animalito querido muere en las fauces de una fiera. Pero esa es "la ley de la vida", como dirían en el poblado de Peñas Gordas en la Interamericana.

Si hay un elemento que no le importa con la naturaleza es el hombre. Por eso destruye bosques sin piedad, ensucia ríos y lagos, causa problemas a los demás, etc.

Después se lamenta cuando la naturaleza le pasa su factura con inundaciones y calamidades sociales.

Hay que respetar las leyes de la naturaleza para vivir en armonía. Y señalo que es falso que el hombre nace malo y sinvergüenza. ¡La sociedad lo convierte en bellaco!



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