El 99% de las veces que se pregunta en las calles sobre dónde conseguir alguna pieza de mecánica o carrocería para auto, la contestación que recibirá será esta: "Vete a un Rastro". La respuesta es automática; casi un acto reflejo.
Cualquier panameño adulto que no haya vivido bajo una roca durante los últimos 20 años es capaz de asociar la palabra "rastro" con partes de autos de segunda, y sobre todo baratas.
Desde que inició en Panamá el negocio de venta de piezas automotrices de segunda, los llamados "Rastros" han pasado de ser una alternativa a los distribuidores autorizados de marcas, a prácticamente la primera opción.
Un ejemplo común: compresores para aire acondicionado. Mientras que en un distribuidor autorizado esta pieza (indispensable para quien no quiera morirse de calor en el tráfico infernal de Panamá) cuesta entre B/.500 y B/.1000 dependiendo del modelo, en cualquier "Rastro" oscila entre B/.100 y B/.200. Es por casos como este que hay tantos Rastros.
Y probablemente el primer hombre tener esta visión es José Antonio Alessandría, dueño de "El Rastro de Alessandría". Este italiano fundó su negocio en 1976, y hoy en día es el local de venta de partes de segunda más grande del país.
¿DE DONDE VIENEN TANTAS PIEZAS?
Alessandría trae partes útiles de automóviles chocados desde Estados Unidos, Japón y Corea, y partes nuevas desde Taiwán, China Popular y Tailandia. Aunque vende todo tipo de piezas mecánicas y de carrocerías para Toyota, Mazda, Hyundai, Mitsubishi y Nissan, lo que más se vende son parabrisas, lámparas, defensas y puertas.
"Los distribuidores de partes no se encuentran en el directorio", cuenta Alessandría. "Tengo que viajar constantemente y buscar nuevos distribuidores".
UN ASUNTO DE CONFIANZA
Pero así como los rastros sacan a los conductores de apuros, también pueden causarle pérdidas monetarias y dolores de cabeza, como lo advierte Lester Yau, propietario del "Rastro Kuruma", especializado en la venta de motores de segunda traídos exclusivamente desde Japón.
Según Yau, en los últimos años han proliferado vendedores inescrupulosos que venden piezas de autos robados, y que incluso se acercan constantemente a su local para intentar venderle autopartes de dudosa procedencia, sin ningún papele que certifique la propiedad del vehículo del que provienen. Negocios legítimos como Alessandría y Kuruma tienen que rechazar estas "propuestas indecentes" prácticamente a diario, como cuentan sus dueños.
"Lo importante es mantener la credibilidad porque hay mucho juega vivo en este negocio", explica Yau. "Hay que hablarle con la verdad al cliente y cumplir siempre con las normas legales".
La búsqueda por la pieza automotriz barata no tiene por qué ser un caso de gato por liebre,, siempre y cuando escoja un buen "Rastro".