EDITORIAL
¡Qué solos se quedan los muertos!
Muchos panameños se
acuerdan de los difuntos en la víspera o el mismo 2 de noviembre
cuando la tradición hace que los ciudadanos que han perdido sus seres
queridos vayan al camposanto a llevar una ofrenda floral.
El día de los Difuntos, sobre todo en el Cementerio Amador, se
ve saturado de vendedores de flores y de jóvenes que ofrecen sus
servicios para limpiar tumbas, pintarlas y hasta retocar los nombres que
aparecen sobre las cruces y lápidas. Pero ese es el único
día que recuerdan a los seres que se nos adelantaron en el viaje
sin retorno.
A pesar de que en Panamá no se promueve el culto hacia los muertos,
sí les guardamos cierta consideración y respeto. Por eso es
que censuramos que los directores de escuelas no realicen aunque sea una
romería a las últimas moradas de ciudadanos cuyos nombres
llevan esos planteles. Y es por lo que llamamos la atención de los
responsables de las citadas tumbas que permanecen sucias, sin pintar y hasta
llenas de lodo, lo que es inconcebible tratándose de un preclaro
ciudadano de este país que por sus merecimientos le fue otorgado
el honor de que una escuela lleve su nombre.
También nos causa pena la algarabía que muestran algunas
personas durante el deceso de un deportista o funcionario importante de
la nación, pero que con motivo del primer aniversario de su fallecimiento,
se olvidan o son indiferentes con este personaje, poniendo de manifiesto
la falsa congoja que exteriorizaron en las honras fúnebres.
Esa actitud del panameño debe cambiar, ya que los difuntos panameños
se merecen respeto. Y los que han sido meritorios ciudadanos deben exaltarse
sus virtudes, porque ellos se lo merecen. Quién conoce cuáles
fueron los méritos de los Soldados de la Independencia? Y aunque
se ha dicho impropiamente que la secesión de Panamá de Colombia
no fue sangrienta, nada más falso si se toma en cuenta la cruenta
guerra civil de los mil días.
En Panamá tiene que haber una retoma de valores de nuestra nacionalidad.
Porque deslizándonos por la peligrosa pendiente de olvido de nuestros
héroes dentro de poco la generación del futuro no sabrá
quién fue Ascanio Arosemena ni los otros mártires de enero
de 1964.
Los honorables patricios de este país deben estar en el sitial
de honor que le corresponde. Basta ya de regatearle méritos, que
eso es mezquino con los hombres que forjaron esta nación. Aprendamos
a querer más esta Patria y a sus auténticos valores, que sí
los hay y no descuidemos las tumbas de nuestros próceres que fueron
los que nos dieron esta Patria que en un año y meses será
libre demostrando que eso lo lograron porque comieron, sintieron y lucharon
por la soberanía.


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