Lúnes 2 de nov. de 1998

 








 

 


FAMILIA
Lucha Contra las Drogas

James A. Inciardi

LUEGO DE HAZAÑAS MENTALES VIENA LA DEPRESION PROFUNDA

Dado que el cuerpo no desarrolla ninguna tolerancia significativa a la cocaína, y dado que una dependencia física similar a la de la heroína nunca se desarrolla, se ha dicho que la droga no es adictiva. Sin embargo, hay muchos que aducirían lo contrario de esta posición, señalando los muchos consumidores crónicos que compulsivamente recaen en la cocaína. Sidney Cohen, del Instituto Neuropsiquiátrico de la Facultad de Medicina de Los Angeles, por ejemplo, sugiere que la noción de que la cocaína no produce adicción viene de la temprana bibliografía profesional, escrita en una época en que las cantidades de droga que se consumían eran menores que las que toman los consumidores contemporáneos. Agrega que las dosis elevadas de cocaína habitualmente consumidas, combinadas con la frecuencia con la cual se las toma, producen un síndrome de abstinencia caracterizado primordialmente por la depresión psicológica. Otros sienten que lo que parece estar ocurriendo en estos casos es sólo una fuerte dependencia psíquica. Los consumidores compulsivos buscan la elevación extrema del estado de ánimo, el júbilo y los sentimientos grandiosos de hazañas mentales y físicas reforzadas inducidas por la droga. Cuando éstos comienzan a desaparecer, se siente una correspondiente depresión profunda, que está en tal contraste marcado con los estados previos del consumidor, que éste se siente fuertemente motivado a repetir la dosis y restaurar su euforia. Así, cuando los consumidores crónicos intentan dejar de consumir cocaína, a menudo se ven hundidos en una grave depresión de la cual sólo la droga puede sacarlos. Pero, como se señaló al comienzo de este capítulo, la adicción se ha convertido en un término bastante impreciso, y si la adición a la cocaína es física o psicogénica (que surge de la mente), la dependencia de la cocaína es muy real.

Además del potencial de dependencia, el consumo crónico de cocaína prototípicamente produce hiperestimulación, desórdenes digestivos, náuseas, pérdida del apetito, pérdida de peso, erosión de los dientes, abscesos cerebrales, infarto, irregularidades cardíacas, convulsiones ocasionales y a veces psicosis paranoides e ilusiones de persecución. Más aún, la inhalación repetida puede dar como consecuencia erosiones de las membranas mucosas, incluidas perforaciones del tabique nasal. La nariz que gotea de forma crónica a menudo es una marca de habitual consumidor de cocaína. Los motivos de estos efectos en la nariz se comprenden bien.

La cocaína anestesia totalmente las membranas nasales, que entonces dejan de funcionar en la medida en que su provisión de sangre disminuye. Cuando el efecto de la droga desaparece, las mucosas exigen la provisión de sangre que se retuvo y la nariz se congestiona, con los síntomas de un resfrío de cabeza a continuación. Cualquier resto de cocaína que permanece sin disolverse en la nariz puede producir quemaduras y llagas, que eventualmente llevan a la degeneración de las membranas mucosas o comen el cartílago mismo.

Luego están los efectos del consumo de la cocaína durante el embarazo. El consumo de droga reduce el flujo sanguíneo a través de la placenta y tales pérdidas limitan los nutrientes que llegan al feto, lo cual retarda su crecimiento. Las mujeres que consumen cocaína experimentan un significativo aumento en la tasa de abortos espontáneos frente a las madres que no consumen cocaína.

 

 

 

 

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