FAMILIA
Lucha Contra las Drogas
James A. Inciardi
LUEGO DE HAZAÑAS MENTALES VIENA LA DEPRESION PROFUNDA
Dado que el cuerpo no desarrolla
ninguna tolerancia significativa a la cocaína, y dado que una dependencia
física similar a la de la heroína nunca se desarrolla, se
ha dicho que la droga no es adictiva. Sin embargo, hay muchos que aducirían
lo contrario de esta posición, señalando los muchos consumidores
crónicos que compulsivamente recaen en la cocaína. Sidney
Cohen, del Instituto Neuropsiquiátrico de la Facultad de Medicina
de Los Angeles, por ejemplo, sugiere que la noción de que la cocaína
no produce adicción viene de la temprana bibliografía profesional,
escrita en una época en que las cantidades de droga que se consumían
eran menores que las que toman los consumidores contemporáneos. Agrega
que las dosis elevadas de cocaína habitualmente consumidas, combinadas
con la frecuencia con la cual se las toma, producen un síndrome de
abstinencia caracterizado primordialmente por la depresión psicológica.
Otros sienten que lo que parece estar ocurriendo en estos casos es sólo
una fuerte dependencia psíquica. Los consumidores compulsivos buscan
la elevación extrema del estado de ánimo, el júbilo
y los sentimientos grandiosos de hazañas mentales y físicas
reforzadas inducidas por la droga. Cuando éstos comienzan a desaparecer,
se siente una correspondiente depresión profunda, que está
en tal contraste marcado con los estados previos del consumidor, que éste
se siente fuertemente motivado a repetir la dosis y restaurar su euforia.
Así, cuando los consumidores crónicos intentan dejar de consumir
cocaína, a menudo se ven hundidos en una grave depresión de
la cual sólo la droga puede sacarlos. Pero, como se señaló
al comienzo de este capítulo, la adicción se ha convertido
en un término bastante impreciso, y si la adición a la cocaína
es física o psicogénica (que surge de la mente), la dependencia
de la cocaína es muy real.
Además del potencial de dependencia, el consumo crónico
de cocaína prototípicamente produce hiperestimulación,
desórdenes digestivos, náuseas, pérdida del apetito,
pérdida de peso, erosión de los dientes, abscesos cerebrales,
infarto, irregularidades cardíacas, convulsiones ocasionales y a
veces psicosis paranoides e ilusiones de persecución. Más
aún, la inhalación repetida puede dar como consecuencia erosiones
de las membranas mucosas, incluidas perforaciones del tabique nasal. La
nariz que gotea de forma crónica a menudo es una marca de habitual
consumidor de cocaína. Los motivos de estos efectos en la nariz se
comprenden bien.
La cocaína anestesia totalmente las membranas nasales, que entonces
dejan de funcionar en la medida en que su provisión de sangre disminuye.
Cuando el efecto de la droga desaparece, las mucosas exigen la provisión
de sangre que se retuvo y la nariz se congestiona, con los síntomas
de un resfrío de cabeza a continuación. Cualquier resto de
cocaína que permanece sin disolverse en la nariz puede producir quemaduras
y llagas, que eventualmente llevan a la degeneración de las membranas
mucosas o comen el cartílago mismo.
Luego están los efectos del consumo de la cocaína durante
el embarazo. El consumo de droga reduce el flujo sanguíneo a través
de la placenta y tales pérdidas limitan los nutrientes que llegan
al feto, lo cual retarda su crecimiento. Las mujeres que consumen cocaína
experimentan un significativo aumento en la tasa de abortos espontáneos
frente a las madres que no consumen cocaína.


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