Las principales avenidas y vías de la capital y San Miguelito constituyen un infierno para los automovilistas y el resto de los panameños que se trasladan en transporte público, debido al tráfico vehicular que los hace demorar hasta dos horas y media para llegar a sus destinos.
Se trata de acumulación de situaciones, pero sin duda la instalación del nuevo sistema de semáforos ha contribuido al congestionamiento vehicular
Los encargados del nuevo sistema han colocado una excesiva cantidad de semáforos, sobre todo en las vías José Agustín Arango y España.
El pesado tráfico se ha trasladado a los Corredores Norte y Sur, donde a pesar del excesivo peaje que se le cobra a los usuarios, éstos deben soportar igual tranque a la salida de esas vías o al momento de pagar la tarifa por utilizar esas carreteras.
Sucede que a esas compañías no se les exigió construir nuevas calles de acceso o salida, sino que se pegaron a las existentes, algunas de ellas ubicadas en barriadas como en Brisas del Golf , Jardín Olímpico y Llano Bonito, que no tienen la capacidad para el número de vehículos que entran o salen en las horas pico.
Para colmo de males, no se observa una mayor acción de la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre ni de la Dirección de Operaciones de Tránsito. Los funcionarios están como el avestruz y se ocultan para no ver ni resolver el problema.
Habrá que preguntar si gastar $22 millones para sembrar semáforos en cada cruce de la capital, era una mejor inversión que instalar puentes prefabricados.
De igual modo, los planificadores deben plantear la construcción de carreteras previendo el crecimiento que puede registrar el parque vehicular y no limitarnos a obras de apenas dos carriles, que al cabo de dos años resultan insuficientes.
Panamá no es una aldea, es un país en el que se venden mensualmente un promedio de 2, 000 autos y por ende las carreteras que se construyen deben contemplar esa situación.