Algún día, el vasto hemisferio no ilustrado de este istmo, ( Patrias bobas, nuevas, locas y los ñángaras), se enterará que las lecciones de historia convencional que se han venido enseñando en Capira y en general en todo Panamá, han evadido por alguna razón inexplicable las intervenciones de figuras extranjeras y nacionales (anodinas y de raigambre), que merecen reconocimiento por sus hechos que lograron cambiar el destino menestral y verdulero que nos esperaba en este trópico en que vivimos y cuyos nombres jamás han emergido en la formalidad de ninguna cátedra ni plan de estudios conocido.
La ignorancia de parte importante de nuestra historia reina y aún así sobrevive la ridícula leyenda idílica que excluye a héroes patrios. Los sucesos no podemos cambiarlos, pero analizarlos a profundidad pueden fortalecer nuestro futuro. Pienso que estamos conformes enseñando con recordación limitada, facilitando que alumnos de poca formación sean manipulados cual bárbaros ancestrales a destrozar y a gritar.
Los extranjeros que continúan arribando a estas ingenuas selvas de pisvaes e iguanas: Negros, latinos, anglosajones, indostanes, chinos etc. (los colombianos no son extranjeros), han contribuido con sangre nueva a formar esta nación tan hermosa, pero pocos de los descendientes que conforman este panameñismo conoce su historia con sinceridad. Para muestra esta perla: Pregúntele a cualquier juega vivo, quiénes fueron: Los Aspinwall, los hermanos George y Muirson Totten, Hezckiach A. Gudger, Rubén Varón, B.Varilla ó Victoriano Lorenzo y se sorprenderá más, que cuando escucha las salidas burdas del alcalde que sabemos.
Para estas fiestas patrias, recomiendo la lectura de "El caballo de oro", de J.D. Morgan que por su narrativa entretenida y humana apreciará lo proactivo de la construcción del Ferrocarril de Panamá y hasta quedará sospechando que aquí estábamos conformes con la situación en que sobrevivíamos antes de la construcción de nuestro canal.