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Clemencia de la Iglesia para la familia Vega

Yodalis Bethancourt
Crítica en Línea
Andaban rodando y rodando por todas partes, hasta que un profesor de apellido Sugasti, les dijo que se metieran en unos terrenos de donde según él nadie los podía echar afuera porque no tenían dueños. Esta es la historia de la familia de Isidro Vega González, que a sus 61 años de edad y luego de 30 años de vivir en esas tierras, se ven amenazados por una orden de desalojo "por intruso", de los terrenos que hoy reclama como dueña la Arquidiócesis de Panamá. Según el señor Vega, los 30 años que le ha tocado vivir en esas tierras no han sido los más felices de su vida, ya que la primera noche que llegaron al lugar junto con sus hijos, todavía pequeños, tuvieron que soportar un penco de aguacero debajo de una "enrramá, amaneciendo "empapaditos sin fósforo ni para hacer el café". Sin embargo, poco a poco fueron batallando hasta ir mejorando sus condiciones de vida, pero la compra de 12 hectáreas de terreno por parte de la iglesia, a través de Monseñor José Luis Andrade, le complicó las cosas. Recuerda que en una ocasión "vino el padre y nos mandó unos peones y le tiraron monte arriba al alambre, lo aplastaron y lo quemaron" y nunca me pagaron nada. En otra ocasión según el señor Vega, el mismo padre Andrade, le mandó cinco peones con hacha y martillo para que le tumbarán las casitas que tenían, pero no se atrevieron. No conforme con eso, el padre Andrade, según cuenta el afectado, mandó a comprar un ganado muy goloso que se comía la yuca y acabó con todo su maizal, del cual podía desgranar 13 quintales de maíz "y eso no puede ser siendo un padre católico, que no debe atropellar a los pobres, porque nosotros hemos estado aquí toda la vida". Para el señor Vega, el calificativo de "intruso", no se puede aplicar a su caso, porque en primera instancia él llegó con su familia primero que la iglesia y los terrenos que le vendieron al padre no tienen nada que ver con 1,200 metros que ellos tienen. Según la familia Vega, fue cuando ellos tenían 13 años de vivir en esos terrenos cuando el Municipio de La Chorrera, le vendió a la iglesia 12 hectáreas de tierra y no 14 como reclaman ahora. Dicen que desde que la iglesia compró las 12 hectáreas de tierra, se les acabó la paz con que vivían a pesar de su extrema pobreza, ya que constantemente han sido asediados con orden de desalojos para obligarlos a salir de los terrenos. El caso ya ha sido llevado a la máxima autoridad de la iglesia católica, José Dimas Cedeño, en donde el padre Andrade, quien en una ocasión manifestó que la familia Vega nada más tenía dos años de estar en esos terrenos, pero la mejor muestra de que eso no es verdad, son los viejos árboles que existen en el lugar "que nosotros mismos sembramos". Representantes de la Arquidiócesis han manifestado según la familia Vega, "que si esos terrenos son de la iglesia no habría problemas en que ellos se quedaran allí", pero sin embargo, el proceso de lanzamiento ha seguido su curso normal que está pendiente de ejecutarse en cualquier momento. Según el corregidor de Barrio Balboa, Jerson Palacios, esta es una orden de desalojo que viene desde el año 1988, cuando el consejo lo conformaban Santiago Pinto y Nora Escala, entre otros que vendieron dichas tierras a la iglesia. Por su parte, el director regional de gobiernos locales en La Chorrera, Doménico Cedeño, señaló que el acto que se pretende cometer en contra de la familia Vega es injusto porque se trata de la iglesia que es una institución que debe velar por los pobres y que en nada les afecta los 1,200 metros que éstos ocupan. La orden de desalojo que se tenía previsto realizar el viernes 20 de los corrientes tuvo que ser suspendida, ante la situación acaecida con el señor Isidro Vega, quien antes de iniciarse la acción se desplomó y tuvo que ser sacado en carretilla del lugar hacia el hospital. El corregidor explicó, que la suspensión del desalojo se dio en base a un artículo del Código Judicial, que le permite suspender la acción ante circunstancias por las que atravesaba el señor Isidro Vega, padre de la niña que un compañero de la Escuela República de Costa Rica, le disparó con un arma de balín en el ojo. La familia Vega, así como la propia comunidad apela a la conciencia de las más altas autoridades de la Iglesia Católica para que no se cometa un atropello con ésta humilde gente que a su edad no les será fácil encontrar un lugar donde vivir y tierra para trabajar y de allí obtener su sustento diario.
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La familia Vega, así como la propia comunidad apela a la conciencia de las más altas autoridades de la Iglesia Católica para que no se cometa un atropello con ésta humilde gente que a su edad no les será fácil encontrar un lugar donde vivir y tierra para trabajar y de allí obtener su sustento diario.
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