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EDITORIAL
Malditaviolencia
Panamá se ha convertido en los últimos años en un país donde la violencia se incrementa cada año. Los medios de comunicación social como éste reportan cada día hechos de sangre, que antes eran poco comunes en nuestro país, pero que hoy se registran casi cotidianamente. Un reciente informe del Banco Interamericano para el Desarrollo (BID), revela que en Panamá la tasa de homicidios se ha quintuplicado en los últimos 20 años. Aunque si bien es cierto las cifras no son tan alarmantes como en países vecinos como Colombia, la situación nos debe llamar a reflexionar. Cada semana vemos al marido celoso que trata de asesinar a su mujer y luego se suicida; o si no vemos a menores-delincuentes matando a un taxista para robarle unos reales; o los delincuentes batiéndose a tiros con los policías. Algunos tratan de culpar a los medios por difundir las noticias sobre crímenes ya consumados. Se piensa que ocultando ese tipo de informaciones evitará la escalada de violencia en el país. Nosotros creemos que no. El problema está en la familia, que es la base de toda sociedad. Si un padre observa que su hijo que no tiene trabajo llega con una vehículo último modelo, tiene revólver y maneja dinero en grandes cantidades, debe preguntar qué sucede. El problema es que muchos padres se convierten en alcahuetes de esas situaciones, porque se benefician de los dineros mal habidos de sus hijos. No se puede argumentar que la difícil situación económica que viven la mayoría de los panameños, para justificar los actos de violencia. Siempre hubo delincuencia, pero el maleante de antaño no asesinaba a sus víctimas. Ahora los rateritos te matan tengas o no dinero. Mientras, los padres no mantengan una adecuada vigilancia de sus hijos, y les enseñen buenas costumbres y a respetar la vida de sus semejantes, el problema de la violencia se mantendrá. Nadie tiene derecho a quitarle la vida a nadie, sólo Dios. Debemos convertirnos en mejores cristianos, para ser mejores hombres. Si todos practicáramos, aunque sea medianamente, los mandamientos divinos, en el país no habría tanta violencia.
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PUNTO CRITICO |
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