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Civiles atrapados en la guerra por los cultivos de coca de Colombia

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Colombia
AP

Casi cualquier ruido inesperado estremece a los niños de la clase de Adiela Vela. Los ojos infantiles se dirigen a través de la ventana hacia una banda de paramilitares derechistas, que apuntan con sus armas hacia la vía.

Los guerrilleros izquierdistas están sólo a kilómetro y medio de distancia, manteniendo su propio retén en este camino polvoriento. Esta es la vanguardia de la batalla por el corazón de la mayor industria productora de coca del mundo.

Los civiles no sólo están atrapados en este fuego cruzado, sino que también ellos tienen que aguantar el bloqueo guerrillero. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia impusieron un "paro armado" hace cinco semanas para protestar por la ofensiva respaldada por los Estados Unidos en el sur del país contra los cultivos de coca -- la planta de donde sale la cocaína -- que crecen en el departamento del Putumayo.

Las FARC han prohibido que el tránsito de vehículos de un pueblo a otro en todo el Putumayo, salvo en la estrecha faja que está bajo el control del ejército o del grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia. Los automovilistas que no respetan esa prohibición pueden ser asesinados o perder sus vehículos.

Los guerrilleros también lanzaron una campaña de sabotaje que ha interrumpido el servicio eléctrico a los principales pueblos y ha dejado en llamas la industria petrolera local.

"Se esta volviendo muy serio todo por acá", dijo el campesino Adolfo Mina mientras caminaba cerca de un oleoducto que los guerrilleros habían incendiado unos minutos antes. Las llamas subían a unos tres metros de altura y producían una nube de humo negro que se extendía sobre todo el paisaje de la selva, los cultivos de coca y los pastizales.

Los rebeldes han amenazado con mantener el paro armado hasta que el presidente Andrés Pastrana modifique el Plan Colombia, la iniciativa por la cual tropas entrenadas por los Estados Unidos se tomaran los cultivos de coca.

"Nuestra ideología es defender al trabajador, al hombre común. Si ellos quieren sembrar coca, se les debe permitir", explicó un guerrillero, quien vestía uniformado camuflado y una pañoleta con el nombre de las FARC, mientras cuidaba la vía rural.

También hay un motivo financiero: las FARC y las AUC se han hecho ricas cobrándole impuestos a los productores de coca.

Las AUC llegaron hace un año al Putumayo procedentes del noroeste de Colombia; ahora controlan varios pueblos y continúan ocupando territorios que antes controlaban las FARC.

Todos los días, los civiles sudan en los retenes de las AUC. Los paramilitares mantienen sus armas de asalto sin seguro, listos para llevarse a cualquiera que se considere guerrillero.

Un cartel pintado en una casa de San Isidro, un pequeño pueblo que esta en la vanguardia de esta guerra, claramente anuncia la amenaza: "Muerte a informantes de la guerrilla".

Algunos paramilitares llevan camisetas del ejército colombiano -- con la insignia de los batallones contraguerrilla -- sobre sus camisetas negras de las AUC y se identifican como antiguos soldados del gobierno. Uno incluso tenía un parche de la División Aérea 82 de los Estados Unidos y dijo que había recibido entrenamiento en esta división cuando servía en el ejército colombiano.

Un grupo de guerreros de las AUC se estacionaron en el aula de una escuela de San Isidro mientras los jóvenes estudiantes trataban de concentrarse en los estudios.

"Los niños están muy brincones. Se puede ver que están angustiados", dijo Vela, la profesora. "Tienen terror que de un momento a otro empiece un tiroteo".

Los efectos del paro armado se pueden sentir a través de todo el Putumayo. Los hospitales tienen un nivel crítico de suministros. Los estantes de las tiendas están casi vacíos, aunque algunos productos se venden en algunas tiendas al triple o el cuádruple de su precio habitual. Del cercano territorio ecuatoriano entran productos de contrabando a través de los ríos de la selva que definen la frontera.

Los colombianos aterrorizados se pasan al otro lado. Miles han escapado al Ecuador de acuerdo con agencias de ayuda humanitaria.

"Con los guerrilleros y los paramilitares disputándose este territorio, cualquiera puede acabar muerto", dijo un individuo que recientemente huyó a través de la frontera.

El hombre, que no quiso ser identificado por motivos de seguridad, estaba hospedado en un edificio pre-escolar de Lago Agrio, Ecuador, con otros 40 refugiados. Casi 600 refugiados están regisrados en la iglesia de Lago Agrio, que colabora con una agencia de las Naciones Unidas para ayudar a los refugiados.

"Ellos lo han dejado todo, la finca, los animales y la mayoría de sus posesiones" para venir aquí, dijo el sacerdote Edgar Pinos.

Otras familias están tratando de huir del Putumayo en alguno de los ocasionales vuelos de evacuación. Un centenar de personas esperaban hace poco frente al aeropuerto de Puerto Asís.

"Estamos sufriendo las consecuencias de una guerra que no tiene nada que ver con nosotros", dijo Dagoberto Rojas, mientras esperaba un vuelo que lo sacara del lugar.

"Acá estamos atrapados entre las balas", agregó.

 

 

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Los guerrilleros también lanzaron una campaña de sabotaje que ha interrumpido el servicio eléctrico a los principales pueblos y ha dejado en llamas la industria petrolera local.

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