Las personas mayores se quejan de tener fallos de memoria y aproximadamente el 20 % se preocupa por su capacidad para recordar. "Se me olvidan nombres, caras, números de teléfono, dónde he puesto las cosas, .." Esta misma angustia aumenta los fallos de memoria. Por eso, es mejor no agobiarse inútilmente y tener información de lo que sucede realmente.
A medida que la persona empieza a envejecer, la memoria cambia, pero la memoria es un sistema y no todas las partes de éste cambian por igual.
Así, se ha descubierto que no se deteriora la memoria sensorial (la que recoge los estímulos que nos llegan a través de los sentidos: visuales, auditivos, ..), ni la memoria a corto plazo, ni la memoria a largo plazo. En esta última el conocimiento almacenado es estable y puede aumentar con la edad.
La información está en la memoria a largo plazo queda retenida igual en cualquier edad, el problema viene al recuperarla.
La que sí sufre deterioro es la memoria de trabajo, la que permite hacer todas las operaciones cotidianas, que implican manipular y organizar distintas informaciones. Se vuelve menos eficiente.
A la hora de reconocer información, no hay diferencia con los jóvenes, pero sí cuando se exige recordar sin dar pistas.
No obstante, esta memoria se puede mejorar, ¿cómo? Principalmente utilizando ayudas para recordar. Algunas son muy simples y fáciles de usar, como poner notas, hacerse una señal en la mano con bolígrafo, buscar asociaciones.