OPINION

GOTAS DE VIDA
Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II para la Jornada Mundial de las Misiones

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Fundación Pro-Fe

Amadísimos hermanos y hermanas... Desde el inicio, quise poner mi pontificado bajo el signo de la especial protección de María. En diversas ocasiones he invitado a toda la comunidad de los creyentes a revivir la experiencia del Cenáculo, donde los discípulos «perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de María, la madre de Jesús» (Hch.1, 14). Sólo en un clima de oración ferviente es posible «recibir al Espíritu Santo, y convertirnos de este modo en testigos de Cristo hasta los últimos confines de la tierra, como los que salieron del Cenáculo de Jerusalén el día de Pentecostés».

MARIA Y LA MISION DE LA IGLESIA EN EL AÑO DEL ROSARIO

En octubre del año pasado, convoqué un Año especial dedicado al redescubrimiento de la oración del Rosario. La Jornada Mundial de las Misiones, que se celebra precisamente al final de este particular Año mariano, si se prepara bien, podrá dar un impulso más generoso a este compromiso de la comunidad eclesial. El recurso confiado a María con el rezo diario del Rosario y la meditación de los misterios de la vida de Cristo pondrán de relieve que la misión de la Iglesia se debe sostener, ante todo, con la oración.

IGLESIA MAS CONTEMPLATIVA: EL ROSTRO DE JESUS CONTEMPLADO

Contemplar a Jesús con los ojos de la fe impulsa a penetrar en el misterio de Dios-Trinidad. Dice Jesús: «el que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn.14, 9). Con el Rosario nos encaminamos por este itinerario místico «en compañía y a ejemplo de su Santísima Madre».

IGLESIA MAS SANTA: EL ROSTRO DE CRISTO IMITADO Y AMADO

Todos los creyentes están llamado, por el bautismo, a la santidad. Vocación universal a la santidad consiste en la llamada de todos a la perfección de la caridad. Santidad y misión son aspectos inseparables de la vocación de todo bautizado. El esfuerzo por llegar a ser más santos está estrechamente vinculado al de difundir el mensaje de la salvación. «Todo fiel - está llamado a la santidad y a la misión-»

Contemplando los misterios del Rosario, el creyente se siente impulsado a seguir a Cristo y a compartir su vida hasta poder decir con San Pablo: «Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gal.2, 20)

IGLESIA MAS MISIONERA: EL ROSTRO DE CRISTO ANUNCIADO

Bajo la mirada vigilante de la Madre, la comunidad eclesial crece como una familia renovada por la fuerte efusión del Espíritu y, dispuesta a aceptar los desafíos de la nueva evangelización, contempla el rostro misericordioso de Jesús en los hermanos, especialmente en los pobres y necesitados, en los alejados de la fe y del Evangelio. En particular, la Iglesia no teme proclamar ante el mundo que Cristo es «el camino, la verdad y la vida» (Jn.14, 6); no teme anunciar con alegría que la «buena noticia tiene su centro o, mejor dicho, su contenido mismo, en la persona de Cristo, el Verbo hecho carne, único Salvador del mundo».

UNA VALIOSA CONSIGNA

La tarea de la animación misionera debe seguir siendo un compromiso serio y coherente de todo bautizado y de toda comunidad eclesial. A todos quisiera sugerir que intensifiquen el rezo del Santo Rosario, de forma individual y comunitaria, para obtener del Señor las gracias que la Iglesia y la humanidad más necesitan.

Sostenidos por María, no dudaremos en dedicarnos con generosidad a la difusión del anuncio evangélico hasta los confines de la tierra.

 

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