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Rubén Darío Paredes, ex jefe de la Guardia Nacional  |
La propuesta de Martín Torrijos, de tener la facultad de elegir entre un uiformado de carrera y un civil para jefe policial, mantiene dividida las opiniones de la clase política.
Los detractores políticos del PRD han acusado a su candidato de intentar regresar a la época del militarismo.
POLÍTICA PERJUDICA A LA POLICÍA
Para el militar retirado, Rubén Darío Paredes, la inseguridad y la delincuencia son un espectro muy amplio, que tiene su incidencia directa en el desempleo.
Argumentó que mientras que la delincuencia va creciendo, el esfuerzo profesional de la Fuerza Pública sigue restringido, por “la miopía política”.
Paredes señaló que los tres últimos gobernantes de Panamá (Endara, Pérez Balladares y Moscoso) han “cercenado” la carrera policial, al interrumpir los ascensos ganados por mérito y esfuerzo. Expresó que una carrera policial que pudiera ser prominente es detenida abruptamente cuando una unidad logra el rango de comisionado, pero jefe jerárquico es el director civil.
Destacó que este denominado director civil es un político, por lo general desconocedor de las metodologías de seguridad, y esto ocasiona que haya improvisaciones dentro del sistema.
“Se improvisa y esta actitud crea desencanto, desilusión y frustración entre las filas y el cuerpo policial empieza a funcionar a desgano, porque los dirigentes políticos consciente e inconscientemente, así lo provocan.
El militar retirado señaló que la Fuerza Pública debe bajar a donde están los focos donde germina el delincuente juvenil, para evitar tener un adulto transgresor de la ley.
Paredes añadió que la Policía no debe ser totalmente una institución represora del crimen, sino preocuparse por implementar sistema de prevención con deporte y con apoyo de la iglesia.
Dentro de sus observaciones, indicó que los actuales índice de criminalidad son aún controlables y propuso que el próximo presidente libere los estamentos de seguridad para que cada rama de la Fuerza Pública produzca sus jefes en una competencia de mérito y dedicación al servicio de la seguridad ciudadana.
En sus propuestas, Paredes señaló que el jefe policial que se escoja no permanezca en el cargo más de cinco años, con el objeto de no estancar el sistema de mandos dentro de la Fuerza Pública. Hizo la salvedad que el problema dentro de la Policía no lo constituye exclusivamente dotarlos de más armas o equipos, sino que las dificultades del sistema están en la parte de organización y la creatividad de los que dirigen la institución actualmente.
“Hay que reconocer que las cosas han cambiado, el desempleo y la situación económica del país eran diferentes y hoy en día las cosas marchan contraria los intereses de la seguridad de la República”, aseveró.
SEGURIDAD EN MANOS DE PROFESIONALES
En tanto, el exjefe de Estado Mayor, Roberto Díaz Herrera indicó que el próximo Presidente de la República debe ser un hombre con los conocimientos y la capacidad de poder dirigir los estamentos de seguridad del Estado, según las necesidades de la población y teniendo en cuenta que el hampa tiene gran parte del control en las calles.
Expresó que se debe escoger un presidente serio y no uno que se la pase diciendo chistes y payasadas, tomando en cuanta que le corresponderá este designar a un jefe policial para los próximos cinco años.
Herrera manifestó que es preferible nombrar a un jefe policial con los conocimientos necesarios en la materia y no aun ciudadano que tenga que improvisar, tal cual se ha venido haciendo en los últimos años.
Expresó que las metodologías aplicadas no han sido del todo efectivas y por eso la población siente insegura al salir a las calles de noche o de día.
MANO DURA CONTRA DELINCUENTES
El candidato presidencial del PRD, Martín Torrijos, advirtió que tomará nuevamente control de las calles, actualmente en manos de la delincuencia común.
Indicó que el país atraviesa momentos en que la delincuencia se ha tomado las calles y las bandas organizadas se adueñan de edificios y barriadas, donde los panameños tienen que hacer sus compras con barrotes de seguridad de por medio.
Sostuvo que es necesario que al presidente de la República se le permita escoger entre un civil y un funcionario con experiencia y formación para combatir el crimen, para la designación de jefe de la Policía Nacional.
Torrijos manifestó que en los últimos quince años los actos delictivos se han triplicada, es decir, que de 20 mil detenciones e incidentes policivos por año, están ahora en más de 60 mil.
“Bajo el gobierno arnulfista solo crece la delincuencia, a pesar que se destinan B/.70 millones adicionales al presupuesto de seguridad pública”, señaló.
RAC Y EL PROYECTO DE DESMILITARIZACION
La Radio Nederland, en ocasión de la presentación del libro “Democracia sin ejército. La experiencia de Panamá”, entrevistó a su autor, el ex vicepresidente y exministro de Gobierno, Ricardo Arias Calderón.
Pregunta. ¿Qué razones lo han llevado a escribir “Democracia sin Ejército, la experiencia de Panamá”?
Ricardo Arias Calderón: Yo he querido dejar consignada la experiencia que tuve de desmilitarizar la seguridad pública de Panamá, inspirándome en el ejemplo de Costa Rica. Hay una nueva generación que ha llegado a la vida política en Panamá, que apenas si se acuerda de la dictadura, y no vivió el período de la transición, o por lo menos no lo vivió con conciencia política. Yo he querido dejar el testimonio de qué significó la desmilitarización para Panamá, qué tipo de militarismo teníamos, cómo se llevó a cabo la desmilitarización, qué se ha hecho desde entonces, para que no se pierda el sentido porque, la desmilitarización de la seguridad pública depende no sólo de leyes sino de los valores de la sociedad, de las convicciones de la gente. Quiero asegurarme que la nueva generación puede aprender sobre lo que fue la desmilitarización, leyendo este pequeño libro.
Pregunta: Yo sé, y Ud. lo menciona enfáticamente en su obra, que hay un ejemplo claro de desmilitarización, de ausencia de ejército en un país como es el caso de Costa Rica, pero no tiene Ud. la impresión de que, por lo menos hasta ahora, sólo es dable imaginar una sociedad sin ejército después que ha vivido un trauma. Es decir, Costa Rica, termina con su ejército después de una guerra civil. Panamá termina con su ejército, después de una invasión y del derrocamiento de un tirano. ¿Son estas experiencias traumáticas las que posibilitan realmente el terminar con un ejército?
R. Arias Calderón: Yo creo que hay que entender por desmilitarización muchas cosas: la redefinición de las funciones de un ejército, al usarlo para la seguridad interna y de especializarlo en la defensa de la frontera, ya es una forma de desmilitarización. El hecho de subordinar un ejército a la autoridad civil es otra forma de desmilitarización. La reducción de presupuestos y del personal de un ejército, es también una desmilitarización. Cuando aquí hablamos de desmilitarización lo hacemos en el sentido más radical, la eliminación completa. Pero creo que es importante ver las formas anteriores de desmilitarización, porque no todo país puede adoptar la misma política.
Creo que Ud. tiene razón, la desmilitarización completa, como en Costa Rica, como en Panamá, para mí requiere dos cosas: un trauma que deja al ejército desprestigiado y derrotado, esta es una realidad, la Historia lo prueba en Costa Rica, lo prueba en Panamá. Pero, esto no es suficiente, se necesita entonces un liderazgo político que ve la oportunidad de aprovechar esa circunstancia que, normalmente, es traumática para crear algo nuevo y que se atreve a hacerlo. Yo me acuerdo cuando comenzamos a hacerlo en Panamá, me decían: no puede haber un Estado sin ejército, y yo respondía: pero se mueve, como decía Galileo. Se mueve y es Costa Rica y lo tenemos al lado. Si ellos pueden, nosotros podemos y hemos podido.
Pregunta: Ud. dice: “ se mueve, es posible”, pero lo cierto es que, por lo menos en el momento que estamos haciendo esta entrevista en ciudad de Panamá, hay una tendencia contraria, negativa, hacia la militarización, hacia la compra de nuevos armamentos. Es decir, su libro aparece cuando las perspectivas no son halagüeñas.
R. Arias Calderón: yo creo que las perspectivas a largo plazo son halagüeñas. Lo que generaba la mayor militarización de nuestra civilización fue la confrontación bipolar entre el Este y el Oeste, entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Al desaparecer esa polarización, ha desaparecido la gran razón de la militarización, aunque todavía quedan las pequeñas razones. El hombre es capaz de inventar pequeñas razones para hacer el mal interminablemente. Y yo veo por momentos esta corriente de remilitarización, pero no creo que va a sostenerse, confío en que a largo plazo la Historia caminará en nuestra dirección, siempre y cuando los hombres quieran hacerla, porque no creo en el determinismo histórico.
Pregunta: Dos países, Costa Rica y Panamá sin ejército. En el caso panameño, el país que queda al desnudo, a la intemperie. Ud. tiene, ahí al lado de vecinos y a través de la frontera del Darién un problema que puede volverse muy dramático, que es el de la vecina Colombia. No teme Ud. que de profundizarse ese conflicto sea necesario tomar medidas que, en alguna medida, signifiquen una militarización panameña.
R. Arias Calderón: Yo me he planteado el tema y por eso le he pedido a Oscar Arias que me ha hecho el honor de venir a la presentación de mi libro, que hable sobre la experiencia costarricense de cómo han logrado mantener, sin ejército, su seguridad en el ambiente internacional.. Ellos tuvieron también, en su frontera con Nicaragua, en los tiempos de Anastasio Somoza sobretodo, mucho peligro.
Yo digo que si la frontera con Colombia se calentara, si la violencia colombiana desbordara hacia Panamá, nosotros debíamos estar dispuestos primero, a pedir observadores internacionales y luego, si es necesario, Cascos Azules. Pero lo que no debemos hacer es, regresar en nuestra Historia a la existencia de un ejército que fue un ejército, sobretodo, contra la población, no para defenderlo. Un pequeño ejército en el mundo contemporáneo, en un pequeño país, con un presupuesto limitado no sirve para nada. Sirve para reprimir a ese pueblo.
Pregunta: Yo quisiera regresar en la Historia, porque aquí en Panamá se da una paradoja muy singular. Quienes lucharon contra la dictadura de Manuel Noriega a su vez lo hicieron por una desmilitarización, pero se trató de un gobierno que surge de un acto y una intervención militar, muy dolorosa y sangrienta.
R. Arias Calderón: La dictadura militar en Panamá fue patrocinada durante largo tiempo por los Estados Unidos y llegó a un nivel de poderío y de represión sobre el pueblo, que el país no se la podía sacar de encima. Esa dictadura provocó la intervención. Pero lo que Ud. me plantea es algo que está en nivel de una visión general de la Historia. Muchas cosas nacen en la Historia, en situaciones cuestionables, nacen en situaciones de claroscuro y solo con el tiempo adquieren un sentido. No todo en la Historia nace limpio, y nuestra democracia sin ejército nació de una intervención que fue un trauma, murieron 321 personas, hubo un vandalismo que destrozó parte del centro comercial de Panamá. Pero ese trauma era provocado por otro trauma, el de la dictadura que violentó los derechos humanos como nunca en nuestro país, que torturó a gente, que mató a gente, que exlió a gente. Entonces de trauma en trauma, uno puede continuar en la línea de lo negativo o puede tratar desde sufrimiento de un pueblo construir algo positivo. Nosotros hemos construido de ese doble sufrimiento que fue la dictadura y la intervención, la democracia más incluyente que nunca ha tenido Panamá. Ya no queda ningún partido político, ningún movimiento social o económico en Panamá fuera de la democracia. Eso no era así anteriormente, tenemos la democracia más incluyente en nuestra historia, imperfecta todavía como toda realidad humana, pero hemos sabido aprender algo del doble trauma que vivimos: que más nunca nos matemos, nos torturemos, nos violentemos los panameños, los unos a los otros. Después de 10 años de vida democrática debemos considerar que ya se acabó el discurso antimilitarista y antidictatorial. Porque ya no tenemos ejército, ya no tenemos dictadura. Tenemos que reconciliarnos plenamente los panameños, pero hay gente que no lo quiere hacer, por eso creo que la próxima etapa panameña es la de cambiar los discursos. El discurso antimilitarista y el discurso antiyanqui le dieron estructura a la vida política panameña. Ahora hemos llegado a una etapa donde ya no podemos ser antiyanqui porque ya no están aquí, el Canal es nuestro, pero la gente continua con la nostalgia de los viejos discursos, lo que yo llamo “ la película de bandidos y vaqueros”, la división del país en buenos y malos, pero ya no podemos vivir en ese Panamá, tenemos que pensar en un nuevo Panamá.
Pregunta: Ud. ha dicho “tenemos que reconciliarnos”. ¿Donde falta reconciliación?
R.. Arias Calderón: En el substrato de la vida política panameña. Hay una división entre los civilistas y los que fueron militaristas, y cada vez que uno cruza la frontera, lo acusan de traidor, con toda clase de improperios. Psicológicamente, simbólicamente, todavía se mantiene en la mentalidad de la gente la división del país en dos mitades, y yo creo que eso es insostenible. He abogado porque crucemos la frontera, porque nos encontremos los unos con los otros, porque ya que vivimos todos en un régimen democrático, hay que aceptar la realidad de que estamos viviendo bajo un denominador común que es civilista y sin ejército.. |