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FAMILIA
Venciendo el miedo por la primera cita

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Tomado
De CNN

Quienes digan que no recuerdan cómo y con quién fue su primera cita, seguro están mintiendo o tienen una memoria completamente atrofiada.

De acuerdo con Elena Sepúlveda, sexóloga y coordinadora docente del Diplomado de Sexualidad y Afectividad de la Universidad de Santiago, en Chile, la primera cita marca el desarrollo afectivo de la persona hacia el futuro. En otras palabras, son las sensaciones, las emociones y los encuentros que se producen en la primera cita los que determinarán -al menos en parte- la búsqueda de afecto que las personas demandarán de adultas.

"Los olores, los horarios, cómo vestía la otra persona, todos son factores que nuestra memoria emotiva almacena cuando somos niños y a los cuales echa mano cuando buscamos o analizamos una relación adulta", agrega Sepúlveda.

LAS CITAS REALES Y LAS OTRAS

Según explica la sexóloga, existen dos tipos de primeras citas: inconscientes y conscientes.

En las primeras, el otro ni imagina que está de cita, aunque basta una mirada hacia la otra persona para experimentar una sensación extraña, entre placer y miedo, entre felicidad y angustia. Se pueden producir con una simple frase, por ejemplo: ¿vas a ir a la fiesta? A veces dan lugar a una especie de relación platónica que experimentan, sobre todo, los niños más pequeños, hasta los 9 o 10 años.

Las segundas se dan entre los 11 y los 12 años. A esta edad es frecuente que compañeros de escuela se citen con cualquier pretexto para verse. Generalmente, la espera es un acondicionamiento psicológico, y también físico, sobre todo para las niñas, que se arreglan, peinan y maquillan.

En ambas, los sentimiento son bastante encontrados, es decir, a pesar de los deseos de ver y reunirse con el otro, la ansiedad de la cita hace que algunas veces queramos evitarla. Hay temor, porque no se sabe qué pasará. Lo que sucede con el propio cuerpo es una tremenda incógnita, al principio cuesta reconocer las emociones y se toman como angustia, pena y nerviosismo.

"¿QUIERES SALIR CONMIGO?"

Hasta los 9 o 10 años, niños y niñas van juntos. Pero entre los 11 y los 14 forman grupos separados. Es la etapa en que ellos las odian, y viceversa. Esto responde a un aprendizaje cultural. Ellos aprenden que los varones tienen que tener vivencias solos y ellas lo mismo.

Luego, cuando comienza a desarrollarse la identidad sexual, la persona comienza a ver al otro, a fijarse en el sexo opuesto. Esto ocurre alrededor de los 14 o 15 años. Quizás en las niñas es más precoz que en los varones y así se explica el hecho de que se relacionan con chicos mayores.

LOS MIEDOS A VENCER

Entre los 14 y los 15 la cita tiene otra connotación, pero igual da el mismo miedo. Los varones en especial tienen un temor terrible a ser rechazados.

A ellas no les sucede tanto, porque a fin de cuentas son las que deciden si habrá o no habrá éxito en la cita. La mecánica suele ser siempre la misma: ella lo seduce y lo conquista, y él se lanza. O bien, él tomará la iniciativa cuando ha visto una seña de parte de la joven.

Ahora, el modo en que cada persona se comporta con el otro dependerá de las conductas que se han visto y del aprendizaje que se ha recibido de parte de la familia y del entorno social. Por ello, "recomendar una receta infalible para la primera cita, por ejemplo, decirle al joven que lleve una flor, pienso que sería falso", explica Sepúlveda.

Sin embargo, la sexóloga entrega consejos sabios cuando lo que se pretende es tener una primera cita exitosa:

  • Presentarse tal cual uno es: que él no trate de presentarse o de inventarse como un príncipe azul ni ella como la princesa a ser rescatada.
  • Porque los conflictos surgen cuando uno de los dos se da cuenta de que está enamorado de alguien que no existe, que no es la persona que se tiene enfrente.
  • Vivir el momento: sentirlo placenteramente sin tener que ponerse metas.
  • Se puede sentir placer hablando por horas con alguien, caminando, sin tener la urgencia de llegar a sentir algo más que lo que se tiene en ese momento.
  • Reconocer hasta dónde se es capaz de sentir agrado y placer consigo mismo y en compañía del otro.
  • No querer cambiar al otro: es importante dejar que la otra persona también se muestre tal cual es, evitar corregirlo o criticarlo.

Esta es la única manera de conocerse plenamente.



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"Los olores, los horarios, cómo vestía la otra persona, todos son factores que nuestra memoria emotiva almacena cuando somos niños y a los cuales echa mano cuando buscamos o analizamos una relación adulta", agrega Sepúlveda.

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