José Hernández no quiere dar entrevistas. Se rehúsa a enfrentarse a una grabadora e incluso promete dar la cara, con su palabra de técnico y de hombre, pero luego no contesta, suena su celular, ring ring, y conociendo de antemano el teléfono no lo atiende.
No es su obligación conceder entrevistas privadas a un periodista. E incluso, el técnico puede no concederlas en el terreno de juego, está en su potestad de adiestrador, pero no puede ocultarse y no dar la cara.
Si no quiere que lo entrevisten, corresponde a la FEPAFUT enviar un comunicado a todos los periodistas y aclarar esta situación (ya que está de moda).
No lo digo por mí, sino por el lector. Uno transmite lo que digan las "fuentes", pero si ellas no dicen nada, entonces ¿cómo promocionamos este juego?
Repito, no es su obligación, pero ya negó entrevistas a otro medio masivo que apoya al fútbol y a este diario. Al final el que pierde es el lector, el radioescucha o el televidente.
Pero, ¿por qué será? Analizando de antemano la situación y conociendo que no concederá entrevistas hasta después de los compromisos, he concluido que no es temor a la prensa, sino como se dice en buen panameño, no quiere que lo "salen" (esto no lo ha ratificado el técnico, pero es lo que indica la realidad).
Tituló este diario en el empate ante Estados Unidos "¿Quién fue el salado?". ¿Tendrá algo que ver?
Veamos otros técnicos que han dirigido a la selección nacional de Panamá y han sabido ser más receptores con los medios, además de su opinión con respecto a esta eliminatoria, y sus cábalas para antes de un partido (que siempre ha existido en el deporte).
SAUL Y MANSILLA
Según Saúl Suárez, su superstición era que "para anticipar y estar tranquilo escuchaba la música de los ‘Beatles’ y también creía mucho en Dios, oraba e iba a misa".
Además, agregó: "a lo mejor fui uno de los técnicos que más sufrí; en esa época no había plata ni hoteles finos, no había ropa de marca, no habían tacos, no había infraestructura en la Federación".
En tanto, Miguel Ángel Mansilla señaló que en su caso era la ropa, "si me iba bien con determinada ropa, me la volvía a poner. Así estuviera usada, era mi cábala".