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  OPINIÓN

CREO SER UN BUEN CIUDADANO
Sin embargo, no amo mi trabajo

Redacción | Crítica en Línea

El trabajo es un don de Dios, un gran bien para el hombre, aunque lleve consigo "el signo de un bien arduum, según la terminología de Santo Tomás (...). Y es no sólo un bien útil o para disfrutar, sino un bien digno, es decir, que corresponde a la dignidad del hombre, un bien que expresa esta dignidad y la aumenta". Una vida sin trabajo se corrompe, y en el trabajo el hombre "se hace más hombre", más digno y más noble, si lo lleva acabo como Dios quiere.

El trabajo es consecuencia del mandato de dominar la tierra dado por Dios a la humanidad, que se volvió penoso por el pecado original. Es como la columna vertebral del hombre, en la que se sostiene su vida entera. Nosotros debemos examinar con frecuencia la calidad humana de nuestro quehacer: si lo comenzamos y lo terminamos según el horario previsto, aunque alguno de nuestros compañeros, o todos, por las razones que sea, no lo vivieran; si lo hacemos con orden, no dejando para el final, sin razón, lo más costoso, lo menos grato; si trabajamos con intensidad, aprovechando las horas, procurando evitar conversaciones, llamadas por teléfono inútiles o menos necesarias; si tenemos afán de mejorar en ese trabajo con el estudio oportuno, procurando estar al día en las nuevas cuestiones que surgen en toda profesión; si nos excedemos, como ocurre con aquello que amamos, pero con temple y rectitud, sin detrimento del tiempo que debemos a la familia, a los hermanos, al apostolado, a la propia formación... Pensemos también si cuidamos los instrumentos que utilizamos, sean nuestros o de la empresa. Contemplemos a Jesús en su taller de Nazaret, pidamos al Señor entrar allí con los ojos de la fe, y veremos entonces si nuestro trabajo tiene la calidad y la hondura que Él pide a quienes le siguen. Demostremos cada día ser mejores personas.

Digámosle al mundo que trabajamos con amor porque el trabajo es de Dios.



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