Un 3 de octubre de 1989 Panamá hubiera escrito otra historia, cuando algunos militares se alzaron en contra del régimen de Manuel Antonio Noriega. El intento quedó en lo que se conoce hoy día como la "masacre de Albrook": asesinaron a los que se atrevieron a desafiar al "hombre fuerte".
Cuatro administraciones presidenciales han recordado esta fecha. La primera de ellas fue el ex presidente Guillermo Endara, luego Ernesto Pérez Balladares, Mireya Moscoso y ahora Martín Torrijos.
Los recuerdos de los panameños con más de 30 años de edad son claros. Ese día escucharon las campanas de la libertad. Había caído Noriega. Los canales de televisión anunciaron que todo estaba bajo control, sin embargo, la tortilla se volteó y el régimen reinó sólo dos meses más hasta que fue erradicado en la "Operación Just Cause".
El país enfrentaba una de las peores crisis de su historia. Washington mantenía congelados los fondos panameños depositados en bancos norteamericanos y la Comisión del Canal no entregaba sus aportes al régimen militar.
Todo ese cúmulo de situaciones dieron margen a la conspiración contra la cúpula castrense. Sin embargo, el movimiento fracasó por la falta de un apoyo convenido con el Comando Sur. Al final, los golpistas se rindieron y la mayoría pagaron con su vida.
Los alzados fueron llevados encapuchados a un hangar de Albrook, donde fueron fusilados, dando origen a lo que luego se denominó la "masacre de Albrook". Fue una matanza sin precedentes.
Estos y otros crímenes deben ser recordados para que no vuelvan a repetirse nuevamente y para que las nuevas generaciones conozcan lo qué es vivir bajo un régimen que no respeta ni la vida.
La historia es para eso, para recordar con reflexión y no permitir episodios iguales en la entraña de la Patria.