Hombres y mujeres están perdiendo la vergüenza. Salen a penas cubiertos con una toalla en plenas vías públicas e, inclusive, van a la tienda del chinito a comprar el pan para el desayuno.
Un lector de esta columna dijo que recientemente estuvo manejando su auto por un barrio del país que está cercano al mar, cuando de pronto le sale una mujer en toalla casi de frente. Lo peor es que la mujer estaba embaraza. Dado el desarrollo del feto, la toalla no cubría mucho y se dejaba ver más allá.
El ejemplo, real por cierto, muestra claramente una característica peculiar del comportamiento de algunos seremos humanos con nacionalidad panameña.
Los ciudadanos deben guardar las proporciones en sus barrios, pues esa mujer que describimos pudo ser presa fácil de un maniático sexual. Ella le estaba facilitando las cosas a un violador. Todo era cuestión de quitar la toalla y ya.
Mujeres y hombres, piensen que no es adecuado tener este comportamiento público. No es necesario proyectarse sin nada para decir que uno tiene lo suyo. La belleza no se ve físicamente, sino en el comportamiento sano de cada uno de los seres humanos que compartimos en sociedad. La diferencia del caso en mención con los enfermos mentales que salen desnudos a la calles está en la toalla. Lo demás es igual. Comportamiento y actitud.
Es hora de cambiar. Quién dijo que por ser pobre uno no puede guardar las proporciones y dejar toda la intimidad de sus cuerpos para entregarse en una carne a sus esposos y esposas? Dejen eso para los juegos de cama. No hagan del sexo una operación pública, pues estaríamos acercándonos cada día más a los seres irracionales que encontramos en las esquinas que andan en jauría, únicamente llevados por su instinto animal.