La epidermis sensible debería dedicarse a las chocoterapias de un "spa" y así no tener que sufrir de escuchar o leer una crítica que los ponga a llorar y refunfuñar.
Esas epidermis hipersensibles, que no pueden tomar sol, porque se dañan, no deberían ocupar lugares de protagonismo, pues se ponen mimados, y después cuando alguien dice algo que no les gusta, se molestan y hacen como ese filantropo de la educación, el profesor Jirafales, y gritan "TA, TA, TA".
Superar esta etapa es la que hace grande a un dirigente. Otros, por el paso de los tiempos, ya se hacen insensibles a las críticas y se ponen que todo le da igual, eso es pero para el deporte.
Sin embargo, es la opinión el caballo de batalla del periodismo deportivo. Sin opinión el deporte simplemente se convierte en un piloto automático.
La columna deportiva ha sido la tradición por una centuria. En los grandes diarios del mundo todo gira en torno a la opinión del capitán de la nave. En la radio y la televisión es igual, lo que esperan los televidentes y oyentes es que ese hombre-deporte vierta su comentario sobre determinado tema. Eso es lo medular.
No es que seamos mejores que nadie. Sólo que el periodista deportivo es, en la prensa escrita, el que sostiene una columna y forma parte del medio.
Los muy noveles a veces no entienden esto y piensan que la opinión los hará buscarse enemigos y pasan agachados ante su responsabilidad con los lectores.
No existen opiniones buena o malas, son sólo opiniones, sostenía el ex decano Agustín Del Rosario en su cátedra de Periodismo Interpretativo y de Opinión.
Qué alumno de la escuela de periodismo no recuerda al profesor Agustín. Así es esto, caro lector. El periodismo debe informar, educar y entretener al público, es cierto, a muchos esto le gusta y está bien.
Pero, existe una responsabilidad que te puede buscar enemistades, que te puede buscar que alguien no guste de ti y sienta que estás en un plano personal, y esa es la de opinar.
Hago estos comentarios para explicar conceptos que se enseñan en la carrera y que es bueno compartirlos con los lectores. Eso sí, en la columna no hay espacio para la lisonja. Cuando se habla bien de algo es porque lo tiene merecido. Lo siento, acá son más las de cal que las de arena. Así es este negocio.