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Déjelos hablar: muchos padres, tíos, primos, maestros, cuñados, y amigos se conforman con sólo dar un consejo.  |
¿Cuántos de ustedes no han sentido subir la adrenalina de su cuerpo, hasta su cabeza y que esta esté a punto de hacer puff?... todo por los comentarios, consejos y críticas sobre el supuesto mal papel que realizan en la educación de sus hijos. Y eso no es todo, lo hacen sin que nadie se los haya pedido. ¡Me imagino que esto te puede estar sucediendo a ti!... pero ¿cómo controlar y aprovechar esas situaciones?
Bueno, según Fátima Cedeño, psicóloga, la lista es larga: abuelos, hermanos, nanas, cuñados, tíos, primos, amigos y hasta vecinos influyen de una manera u otra en la educación de los hijos.
LOS ABUELOS
Los abuelos son una de las principales fuentes de conflictos en la educación de padres e hijos, señaló la entrevistada. Pero no es porque éstos (los abuelos) digan y piensen que lo que hacen los padres está ma, sino porque piensan que se puede hacer mejor, destacó.
Cedeño considera que existen dos tipos de abuelos: los regalones y los ayudadores. Los primeros sólo buscan que los nietos estén felices con ellos y para eso se desviven por hacerlo que los niños quieran, los llenan de regalos y dulces, manifestó.
Los ayudadores, en cambio, dijo, quieren apoyar a los papás en lo que pueden. Explicó que esto se debe a que las mamás viven en una vertiginosa carrera entre el trabajo, las compras, los tareas y la casa. Por lo tanto, señaló que el papel de los abuelos es fundamental porque tienen la experiencia, la sensatez, el criterio y el amor para ayudar en la educación de los nietos.
Acotó que no se trata de opinar y corregir sobre el manejo de la casa, la comida o si el niño tiene que ponerse el chaleco o no. Su papel está en ayudar a desarrollar a esos niños como personas, reforzarlos en el plano espiritual.
La especialista cree que una buena relación entre abuelos y nietos es un maravilloso tesoro para los niños. Si hay confianza, cariño y respeto, pueden conversar cualquier cosa y preguntarles todas sus inquietudes, incluso más que a los papás, y los niños podrán aprender muchas cosas que sólo la experiencia da.
LA NIÑERA
Cedeño dijo que para evitar conflictos y "ñañequerías" en los más pequeños, supuestamente, por imposición de las nanas, lo primero será elegir con calma a esa persona. La elección será distinta si la mamá trabaja fuera del hogar, que si está en la casa, señaló. Si trabaja, la nana será la autoridad de los niños durante gran cantidad de horas y hay que darles instrucciones claras, manifestó.
Exclamó que muchas veces cuesta tener autoridad y que, de verdad, obedezca una orden tan simple como que el niño no coma a deshora o que no duerma siesta. En estos casos, es bueno apoyarse en alguna autoridad "superior": "el doctor dice que no puede comer a deshora porque está con sobrepeso y se va a enfermar. .." "el papá no quiere que duerma siesta. .."
La especialista, arguyó que para que la niñera trate bien a los niños y respete la autoridad de la mamá, lo fundamental es tratarla con cariño, enseñarle con paciencia, celebrarle lo que hace bien y tenerle comodidades en su pieza. Sólo así va a responder bien. Tiene que saber que le confiamos lo más precioso, nuestros hijos y que si miente, le perderemos esa confianza.
LA FAMILIA
Cedeño, explicó que las relaciones familiares son muy buenas y hay que fomentar el cariño y la unión de los primos. Pero, como ocurre en todas las relaciones, siempre aparecen conflictos.
Dijo que los más típicos se producen por la comparación: ellos tienen, yo no; ellas pueden, yo no. Aquí hay que ser muy claros como papás: las comparaciones no son buenas porque cada familia es distinta. Agregó que si no pueden tener un juguete por problemas de plata, habrá que explicarles a los niños que no pueden tener lo mismo, que hay gente pobre que no tiene nada y que ellos tienen suerte de tener un montón de cosas.
Otras veces la explicación será por el lado de que hay cosas que no van con la familia, que cada uno tiene su estilo de vida y que no nos gustan ciertas actitudes o permisos. Lo importante es siempre dar una explicación simple y concreta y estar seguros: si uno está convencido, convencer, resaltó.
Arguyó que respecto a esos miembros de la familia que opinan sobre todo y se meten a educar a los otros, hay que hablarles claro y, con cariño, pedirles que no se metan y nos dejen a nosotros con nuestros problemas. Además, es bueno saber que la mejor forma de ayudar es con el ejemplo. Si la otra familia es alegre, obediente, ordenada, uno se pregunta por qué, se comienza a fijar y aprende, dijo.
Señaló que los mayores roces se producen, muchas veces, en los veraneos familiares. Establecer reglas claras y tener paciencia son las claves para la armonía familiar.
LOS AMIGOS
"¡Todavía con chupete!", dice mi amiga cada vez que ve a mi hija de tres años. Es verdad que está grande, pero ya se le pasará. .."
No se asusten, exclamó la doctora, nunca va a faltar la que le sacó los pañales al año, no le costó nada que el niñito dejara el chupete, que su hija come de todo. Vive contando las maravillas de sus hijos y la miramos sin poder decir nada, esas mamás hay en todas partes...
Cuando esa amiga aparezca, agregó la especialista, lo más importante es saber que esa lista de "récords" del niño y de la madre no significan nada. En la vida nadie es mejor o peor porque se sacó los pañales al año o a los tres años, ni porque dejó el chupete antes o después. Cada niño tiene su ritmo y cada familia es distinta, lo que hay que respetar, manifestó Cedeño.
Muchas veces, explicó Cedeño, será la vida quien nos irá mostrando qué amigas valen la pena y cuáles no. La frívola y la negativa, no aportan mucho. Esa amiga preocupada, cariñosa, que busca ayudar de verdad, podrá darnos un consejo útil que siempre será bien recibido.
En cualquier situación, la especialista dijo que es importante tener presente que:
Los padres son los responsables de la educación de los hijos y son ellos quienes determinan horarios, normas y el estilo de vida. Pero hay que oír, comparar y evaluar. Habrá veces que nos darán un buen consejo o aprenderemos con la comparación, pero siempre hay que tener presente que son los padres los que deciden y se responsabilizan por eso. Otras veces habrá que callar, con toda tranquilidad. l Los padres tratamos de hacerlo bien y de no equivocarnos, pero, si eso pasa, hay que sacar lo mejor de la situación y seguir adelante.
Por último, señaló que un padre nunca debe creerse un sabelotodo: hay que estar abierto a que el otro puede tener razón y reconocer que tenemos dudas acerca de las decisiones que tomamos. Frases como "Yo también estoy preocupado por eso..." o "Te voy a explicar por qué actúo así" o "No estoy segura si tomé la decisión correcta", ayudan a mantener una conversación que puede ser de gran ayuda. |