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Algunos economistas lo habían anticipado. Pero hubo sorpresas. Al presentar el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) el Presupuesto General del Estado (PGE) para el 2003 por un monto de $5,290 millones, no solamente se registró un hecho histórico debido a una reducción en $1,132 millones, el 17% con relación a lo presupuestado para el 2002, sino que significó una continuación del ordenamiento de las finanzas públicas. Desde cualquier punto de vista es una propuesta coherente y planificada.
Hay que señalar que el PGE representa la columna vertebral del Gobierno Nacional. Es el instrumento con el cual pueden cumplirse los objetivos reales de la administración pública en materia económica, social, cultural, ambiental y, en última instancia, política.
El nuevo PGE refleja una disminución del 7% en el gasto corriente lo que significa unos $406 millones y un monto de inversiones por $1,196 millones, lo que representa un incremento de $509 millones para áreas prioritarias como salud, educación, estímulo al empleo, vivienda y promoción de la producción agropecuaria.
Si bien la deuda externa continuará significando un pesado fardo para las finanzas públicas con $1,181 millones en intereses y amortizaciones, un 22,3% del total del PGE, es un aspecto que parece estar bajo control debido a que el financiamiento del nuevo presupuesto rondará los $800 millones. Para lograr ese financiamiento están las recién inauguradas notas del tesoro y los recursos externos. Las proyecciones indican que los niveles de endeudamiento no superarán los $200 millones, debido a los frenos impuestos por la Ley 20, de mayo de este año, que establece topes a la deuda externa y al gasto público.
Ahora corresponde que las vistas presupuestarias, que deberán desarrollarse en el seno de la Comisión de Presupuesto de la Asamblea Legislativa, se realicen con sensatez y responsabilidad, alejadas de la politiquería. El episodio de la legislación anterior, en el que por primera vez en la historia del parlamento panameño no se aprobó el PGE y hubo que prorrogar el del 2001 con todas las implicaciones que representó para la planificación y la política económica del Estado, ha quedado atrás.
Frente al panorama de nubarrones, fragilidad e incertidumbre para América Latina que acaba de anticipar el Fondo Monetario Internacional (FMI) y con una situación global aún más sombría debido al proyectado bajo crecimiento de Estados Unidos en el 2003, el PGE presentado por el Gobierno Nacional es alentador. Indica que las finanzas públicas están proyectándose y administrándose con una visión comprensiva del momento que vive la economía mundial. Todo anticipa que el 2003 puede convertirse en el año del despegue de las inversiones públicas y privadas y de la tan esperada reactivación económica. |