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Una semana después del inicio del asedio del cuartel general del líder palestino Yasser Arafat en Ramala (Cisjordania), la situación del dirigente parece haber entrado en un callejón sin salida, ya que las dos partes permanecen inflexibles en sus posiciones lo que imposibilita cualquier iniciativa de diálogo.
Por primera vez después de que el ejército israelí entró en Ramala el 19 de septiembre, el toque de queda se levantó ayer miércoles, durante algunas horas en la ciudad palestina, para que sus habitantes pudieran comprar alimentos.
Tras las manifestaciones populares de apoyo a Arafat registradas en los últimos días en diversas ciudades autónomas, ayer en las calles de Ramala se dejaron sentir las críticas a su dirigente, al que algunos consideran incapaz de sacarles de la miseria y devolverles la tranquilidad.
Sitiado en la Mukata, un patético cuartel general en ruinas, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) se ve obligado desde hace una semana a dormir en el suelo, comer una lata de conservas por día y limitar su aseo personal.
Según algunos de los 250 palestinos que le acompañan, Arafat no pierde la esperanza y alienta a sus compañeros de lucha a seguir adelante y superar sus miedos.
Fuera de la Mukata, no hubo progresos en la búsqueda de una solución a la crisis. Los palestinos decidieron ayer posponer las negociaciones previstas con responsables israelíes sobre el asedio de la Mukata, porque las autoridades israelíes prohiben cualquier contacto entre diplomáticos occidentales y Yasser Arafat, indicó uno de los principales negociadores palestinos, Saeb Erakat.
Según Erakat, Israel negó al enviado especial de la ONU para Oriente Medio, Terje Roed-Larsen, y a su homólogo europeo, Miguel Angel Moratinos, el acceso a la Mukata.
La víspera, Erakat anuló un encuentro con responsables israelíes en protesta por la operación militar del ejército israelí que dejó un saldo de nueve muertos en Gaza.
A pesar de las crecientes críticas estadounidenses y de una resolución de la ONU, Israel parece dispuesto a seguir adelante con el asedio, iniciado tras dos atentados suicidas, que dejaron un saldo de nueve muertos: siete israelíes y dos kamikazes palestinos.
El Estado hebreo pide los nombres de las 250 personas atrincheradas junto con Arafat en la Mukata y la rendición de unas 20, a las que acusa de "actividades terroristas", exigencias que los palestinos se niegan a satisfacer. |