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Héctor Gallego en Tocumen

Rafael Pérez Jaramillo
Crítica en Línea
¿Estuvo Héctor Gallego confinado en el antiguo Cuartel de los Pumas en Tocumen? El año pasado se supo, que los restos hallados en la antigua guarnición militar Los Pumas de Tocumen, no correspondían a los del malogrado sacerdote, pero ¿es ello motivo para descartar que estén enterrados en otro sitio del mismo Cuartel? Pienso que no, aunque tampoco desestimo otras probabilidades. Dudar para investigar. Nuevas informaciones, y que hacen cosquillear tremendas coincidencias, me hacen volver los ojos otra vez a la probabilidad de un Héctor Gallego en Tocumen. Hace unos días se supo que la Iglesia inspeccionó el área de Tocumen, pues ellos no descartan (así se dijo públicamente) que Gallego estuviese enterrado allí. Aunque estoy de acuerdo conque se siga buscando a Gallego, pienso que la cabeza de la Iglesia no debiera dar la impresión de estar sólo interesada en el sacerdote, sino en todos los muertos y desaparecidos durante la dictadura, y eso no es lo que se percibe. Siempre he pensado que tanto Nivaldo Madriñán, como Melbourne Walker saben más de lo que han dicho. Madriñán llegó a decir, y así se publicó en un despacho firmado como redacción de El Siglo (1996) que "…[a Gallego] decidieron enterrarlo en una fosa que se encontraba detrás del citado cuartel [se refiere al Cuartel Los Pumas de Tocumen] que era utilizada para enterrar las osamentas del ganado que se mataba para alimentar las tropas". También en una noticia de El Panamá América (1993), se dijo que Walker y Madriñán habían confiado a un sacerdote que "al cura Gallego […] se le llevó al Cuartel de 'Los Pumas' de Tocumen". Lo que ha ocurrido con el hallazgo de Heliodoro Portugal erige una montaña de inquietantes. Primero, un testigo me dijo el año pasado que el cuerpo (que hoy se sabe es de Portugal) fue enterrado poco después del secuestro de Gallego el 9 de junio de 1971. A Heliodoro lo secuestraron (según sus familiares) el 14 de mayo de 1970, y según otro testigo, el 27 de septiembre de 1970. Otro testigo con quien conversé el año pasado, me aseguró haber escuchado en octubre de 1970 a Heliodoro en Tocumen. Esta relación de fechas me allana el camino para demostrar que, aunque una avalancha de preguntas se desborda, ninguna se aleja de Heliodoro y Gallego. Sigo con las coincidencias. Con el cuerpo de Heliodoro se encontró una moneda conmemorativa del cincuentenario de la República, y (tremenda coincidencia) Diego de Obaldía había regalado a Gallego, poco antes de su secuestro, una moneda del cincuentenario de la República. ¿Es para ponerse a pensar no? Otra coincidencia: Una persona que llegó a hablar con Heliodoro antes de su secuestro, me confió hace poco: "Heliodoro me dijo que tenía un amigo cura llamado Gallego". ¿Interesante no? Una coincidencia más: en ambos casos, el de Heliodoro y de Gallego, aparece la figura de Walker. Recuerden que el testigo del año pasado declaró haber visto en Tocumen a Walker enterrando el cuerpo que, hoy se sabe, corresponde al de Heliodoro Portugal. El año pasado cuando se supo que los restos hallados no eran de Gallego, escribí un artículo donde pedía una prueba de ADN para los periodistas "de dos por real" (y me dan vuelto), que censuraron una investigación que razonablemente dudaba sobre la presencia de Gallego en Tocumen. Pedí esa prueba de ADN para ver si los cuerpos de esos periodistas que hoy se vanaglorian de responsables, correspondían a los de aquellos reptiles (con argumentos rectilíneos, como ironizó un amigo) que ayer defendían las tropelías del autoritarismo. Mientras ellos bramaban en la radio yo escribía el artículo "Héctor Gallego, te seguiremos buscando hasta el final". Y en eso estamos. La investigación implica duda, pero esta duda no nos debe atajar en el encubrimiento.
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El año pasado cuando se supo que los restos hallados no eran de Gallego, escribí un artículo donde pedía una prueba de ADN para los periodistas "de dos por real" (y me dan vuelto), que censuraron una investigación que razonablemente dudaba sobre la presencia de Gallego en Tocumen. Pedí esa prueba de ADN para ver si los cuerpos de esos periodistas que hoy se vanaglorian de responsables, correspondían a los de aquellos reptiles (con argumentos rectilíneos, como ironizó un amigo) que ayer defendían las tropelías del autoritarismo. Mientras ellos bramaban en la radio yo escribía el artículo "Héctor Gallego, te seguiremos buscando hasta el final". Y en eso estamos. La investigación implica duda, pero esta duda no nos debe atajar en el encubrimiento.
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