Lunes 7 de sept. de 1998

 








 

 

EDITORIAL
Muerte en las carreteras

L
os accidentes automovilísticos llenan de luto, dolor y pena la vida panameña; ya son centenares los fallecidos a consecuencia de manejos homicidas y la cifra supera los indicadores nacionales de morbos insalubres.

La semana que concluye dejó quince cadáveres mutilados en las vías nacionales, y la tendencia del estadígrafo muestra camino a superar en exceso las muertes del pasado año; situación que reclama con urgencia atención y análisis, de manera que se logre medidas idóneas para detener y cancelar este flagelo motorizado que hoy azota Panamá.

La observación serena de los distintos casos mortales en carreteras y calles citadinas, permite precisar que la rigurosidad de antaño en la vigilancia vial ha cedido para permitir en tolerancia censurable, el irrespeto cotidiano al reglamento de manejo, de forma que son una constante, casi de normalidad las infracciones abusivas en los desplazamientos que irrespetan los límites de velocidad; omiten luces de cruce, hacen aparcamientos indebidos y sorpresivos; manejos contra vía; excesos de pasajeros; ensordedor uso de bocinas, y en general, el infernal cúmulo de afrentas a las formas legales de conducir, que permite afirmar que no hay ley en las calles.

Tales inobservancias son atribuibles a los actores de los accidentes donde muchos carecen de conocimientos adecuados o de experiencia suficiente para conducir por las carreteras; también alcanza a las autoridades policiales de control y vigilancia que con desgano e indiferencia dejan pasar las irregularidades descritas. La tolerancia de terceros, amigos, vecinos y la colectividad que permite a los choferes libar alcohol en celebraciones y fiestas, a sabiendas que manejarán sus automóviles para regresar a sus hogares.

En otras latitudes los expendedores de bebidas alcohólicas respetan los límites de servicio al parroquiano; gozan de la facultad de impedirles acceder a sus vehículos si el estado etílico así lo indica, pudiendo solicitar ayuda al servicio de patrulla vial, que entonces realiza el manejo correspondiente.

En Panamá, en un cercano pasado, organizaciones civiles y las autoridades del tránsito organizaron anualmente la Semana de Prevención de Accidentes, en la cual realizaban desfiles con los vehículos accidentados, mostrando sus estragos mortales; en la Plaza 5 de Mayo mantenían un gigantesco termómetro que marcaba día a día las cifras de las muertes viales; en las escuelas se dictaban charlas de expertos y se proyectaban películas adecuadas a tales fines.

La obtención de las licencias de manejo era riguroso trámite, y sus renovaciones exigencias cotidianas. Hoy, una permisión laxa; una tolerancia censurable de autoridades, civiles y vecinos, y de los actores del manejo, se materializa en las muertes crecientes que privan al país de recursos humanos valiosos, destruyen estabilidades familiares y reparten luto en las comunidades; motivo que nos exige buscar soluciones y enfrentar con firmeza el morbo de mayor incidencia en Panamá: las muertes en las carreteras.

 

 

 

 


 

AYER GRAFICO
El abogado Gonzalo Menéndez Franco obtiene 2do. lugar en concurso de oratoria en México.


CREO SER UN BUEN CIUDADANO
Sin embargo, soy injusto con mis empleados.


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