La selección argentina, subcampeona del mundo, la primera que tumbó a un equipo profesional de la NBA en competición internacional, volvió ayer a ser el verdugo del equipo estadounidense al imponerse por 89-81 y asegurarse un puesto en la final de la competición.
A los americanos ya sólo les queda un recurso para mantener su hegemonía: o competir con los mejores de los mejores o admitir que para ganar hay que ser deportistas, jugadores de baloncesto, no 'estrellitas' de cartón.