El presidente Martín Torrijos ha recogido las inquietudes de los diferentes sectores que claman, antes de realizar el referéndum sobre la ampliación del Canal, por una concertación para un Diálogo Nacional que busque definir la utilización de los fondos generados por las nuevas estructuras de la vía interoceánica.
Al mandatario le es reconocida la virtud de admitir sus errores, además de enmendarlos. En esto se ha mostrado de acuerdo el presidente del Partido Panameñista, el más grande de la oposición, Juan Carlos Varela, quien ha manifestado que las elecciones se ganan con propuestas y por el propio peso de los errores del partido en el poder.
Ante este panorama, debo referirme como elemento de importancia al caso de Irlanda, un país de tres millones y medio de habitantes y que alguna vez fue uno de los más pobres de Europa y que luego de un "Acuerdo Social", entre el gobierno, los obreros y los empresarios, sin la intervención del Fondo Monetario Internacional (FMI), ha tenido la capacidad de alcanzar la soberanía económica y aplicar su propia receta de desarrollo.
Una de las decisiones más importantes tomadas por los irlandeses ha sido integrarse a la Unión Europea, pasando de producir para un mercado local, a ampliar su espectro comercial y financiero a uno de más de 300 millones de personas. También se operaron cambios en el sistema educativo, con énfasis en la formación científica y técnica.
El gobierno irlandés decidió no aumentar los impuestos, los trabajadores han hecho el esfuerzo de no solicitar aumentos y los empresarios de no despedirlos. Las autoridades se han comprometido a disminuir los engorrosos trámites burocráticos a los inversionistas extranjeros, a invertir en investigaciones y técnicas con posibilidades comerciales y otros asuntos más de interés para la nación celta.
El milagro de este país que, según el periodista del Miami Herald, Andrés Oppenheimer, tiene mucha similitud en su idiosincrasia con América Latina, es haber atraído la inversión en el campo de la tecnología, porque la educación ha reemplazado la orientación hacia las carreras de orientación social por una fuerte inversión en disciplinas como la ingeniería y en otras de carácter eminentemente científico.
Las conclusiones del columnista apuntan a que una nación con una ayuda del 5 por ciento de la Unión Europea, ha logrado en el 2003, que su producto ingreso per cápita sea de 35 mil dólares, cuando en 1987, apenas llegaba los 11 mil. En 1973, los ingresos personales de los irlandeses estaban un 40 por ciento por debajo del promedio europeo; hoy está un 36 por ciento por encima, de acuerdo a estadísticas comunitarias.
Además, el desempleo apenas roza el 4 por ciento y la pobreza absoluta el 5.
Muchas cosas más se podrían mencionar de este milagro económico en una nación católica.