En menos de cinco años, el palomar de la Avenida Central se ha convertido en un lugar emblemático que identifica el folclor urbano del corazón de La Peatonal con sus agraciadas aves que vuelan desde los techos de los edificios adyacentes hasta el suelo donde hacen un remolino con sus movimientos.
Para los peatones, este espectáculo es muy llamativo y algunos hacen un alto para admirar el grácil movimiento de las palomas. Otros meten sus manos al bolsillo y compran una bolsa de maíz para dar un puñado de granos a las aves que reciben alborozados el alimento.
Las palomas, que en los últimos cinco años se han reproducido con rapidez desde un pequeño grupo inicial instalado cuando recién se estrenó este paseo peatonal, han empezado a expandirse y ahora es frecuente observar pequeños grupos a lo largo de esta vía comercial.
VIENE DESDE PACORA
Rosa Moreno, quien vive en Las Garzas de Pacora, contó que todas las quincenas viaja desde ese distante lugar para hacer compras y esos días no pierde la oportunidad para visitar esta pintoresca zona conocida como "El palomar".
"Me atrae el revuelo de las alas de estas aves. Me tienen cautivada desde cuando era niña", dijo mientras tomaba en sus manos una paloma y le daba de comer.
"Soy muy amante de criar animalitos y en mi casa tengo varias mascotas, entre ellas un perico y un loro. Considero que las aves en general simbolizan la paz y el amor", dijo.
A un costado del grupo de palomas que revolotean en círculo, estaba Lorena Flores. Ella vende bolsitas de maíz a 25 centavos a los emocionados visitantes que se reúnen alrededor de las aves que brincan de un lugar a otro disputándose la comida que le tiran los curiosos.
5 AÑOS CON LAS PALOMAS
La vendedora de maíz dijo que este lugar es un orgullo para los panameños porque se ha constituido en un patrimonio cultural de esta parte de la ciudad visitada con frecuencia por turistas nacionales y extranjeros.
"Durante cinco años, he visto pasar miles de personas que se regocijan con el espectáculo que ofrecen estas palomas", dijo Flores lanzando, de tanto en tanto, un puñado de granos a las aves.
Evocó con nostalgia que empezó en este negocio gracias a su tío quien la trajo a este lugar y le enseñó el negocio para poder ganarse la vida y dar un poco de alegría a los niños que son sus principales clientes.
Otro personaje indesligable de El palomar, es Aristides López, el fotógrafo de las palomas.
Dice que la mayoría de sus clientes son niños entre los tres y 9 años. Las tomas, invariablemente tienen como fondo el palomar.