Al primer loco que se le ocurrió la idea del Canal de Panamá, fue a la mascota de Vasco Núñez de Balboa: El perro leoncico. Cuentan que la exuberante belleza de la manigua istmeña le hizo perder la cordura, quedando loco, arando y ampliando huecos. Tanta fue la desventura del avezado perro que aseveran que por ese afán, hizo el descubrimiento del Mar del Sur dos semanas antes que su ambicioso dueño pisara las espumosas playas del pacífico panameño.
Leoncico en su larga vida de doce años, mordió a muchos bellacos aquí en Panamá, cuando su instinto le decía que esas personas buscaban oro y riquezas a costilla de los aborígenes y de los recursos naturales. La esquizofrenia, supongo e imagino está afectando a muchos de la ACP y del gobierno, sino pregúnteles a ver qué dicen mis amigos Manduley, Illueca, Richa y Manfredo, personalidades conspicuas de este país en las que confío plenamente y de las cuales he leído siete veces su informe al país, acerca de nuestro canal y nuestro megapuerto, que echa por tierra la injustificada, ambiciosa, prematura y apurada Ampliación del Canal,
que pretende la ACP y el gobierno, bajo el marco de una gestión de propaganda que incomoda, porque se ha convertido en una molestia pública.
Con sólo aseverarnos que Panamá saltará al primer mundo con la Ampliación, ya es preocupante. Pero gritar por televisión a través de una misiva pagada con nuestros impuestos, que luego de pocos años el hercúleo proyecto, dará treinta millones de dólares como beneficio, es motivo para que salgamos corriendo a cotizar camisas de fuerza para sujetar a estas criaturas y evitar que se hagan un daño. Segundo, para que un país como el nuestro salte al primer mundo necesita cambiar la clase política, el sistema educativo y lograr nuevas actitudes. Tercero, ¿cuál sería la maestra de matemáticas y con qué clase de porotos les enseñó a contar a estas criaturas de la propaganda televisiva, que calculan treinta mil millones de dólares en beneficios para el país en pocos años?...