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REFLEXIONES
"No a los nuevos legisladores"

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Carlos Christian Sánchez
Colaborador

Un ilustre legislador del Circuito 8-5, cuestionado por un periodista ante la posibilidad de aumentar las plazas de curules en la Asamblea Legislativa, afirmaba alegremente en la televisión días atrás, las bondades de contar con más "Padres de la Patria", para discutir las leyes del Estado panameño. A la mañana siguiente, este diario popular era vendido como pan caliente, en aquella esquina de Plaza Tocumen. Si supieran ustedes las caras de disgusto y asombro que ponía la gente al leer esa noticia, esa quizás sería la mejor encuesta para saber que la ciudadanía está en contra de esa descabellada idea.

Respetando las opiniones favorables para aumentar el número de legisladores en el Parlamento panameño, vale la pena mencionar algunas serias objeciones por las cuales nos negamos a ese fatalismo político que afectaría al Presupuesto Nacional y la dignidad ciudadana.

Aunque la Constitución militarista de 1972 (modificada varias veces en el pasado siglo) permite esa arbitrariedad jurídica, la realidad demográfica no debe ser objeto de prueba contundente para colocar más "dirigentes populares" en un lujoso Congreso, puesto que si eso es así, muchos organismos parlamentarios de algunas naciones avanzadas, políticamente hablando, serían verdaderos pandemonios.

Los Estados Unidos de América aplica desde hace rato, una norma especial que regula a unos 435 miembros su Cámara de Representantes (un diputado por cada medio millón de ciudadanos, según el censo de cada diez años), puesto que si ellos se guiaran por la regulación original de 1787, por determinado número de habitantes ahora la Unión tendría "siete mil legisladores".

Por otro lado, los derechos y perrogativas otorgados a los legisladores son excesivamente amplios y grandes, delegando a los mismos las llamadas "Partidas Circuitales", en donde se recibe apoyo financiero del Estado para solventar los problemas sociales; pero en realidad, son los Gobiernos Locales y Comunitarios, como alcaldías y la representación de corregimientos, los que deberían poseer dicho dinero, para su mejor distribución entre la ciudadanía.

Nuestra Asamblea Lagislativa tiene en el año 2000 unos 71 legisladores. Cada uno de ellos ganan casi ocho mil balboas, más los viáticos y otros gastos especiales, fuera de las mismas partidas circuitales.

Uno se pregunta: si se aprobara la disposición para nuevos legisladores que se sumarían en el 2004 (otros "seis ilustres legisladores" con todos los gastos que conlleva su "existencia política representativa" para que defiendan al pueblo panameño), entonces el Gobierno jamás podrá contar con dinero suficiente para realizar sus gestiones administrativas como públicas en la sociedad, porque para el año 2010, cuando se haga el otro Censo Poblacional, tendremos un parlamento de "cien legisladores". Ellos consumirían casi un tercio del dinero del Estado, todo gracias a que unos se oponen modificar la Constitución arcaica que tenemos vigente.

 

 

 

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Manifestación de protesta en las áreas revertidas durante la década del setenta

CREO SER UN BUEN CIUDADANO

Sin embargo, me intereso más por el dinero que por la virtud

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