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EDITORIAL
Campeones del béisbol intermedio ganaron sin el apoyo de Panamá
Cuando David venció al gigante filisteo, armado únicamente con una onda y una áspera piedra del desierto, tenía a su favor sólo el escudo de la fe. Nada más. Ni siquiera contó con el respaldo de su gente, ni del rey Saúl, quien junto a sus hombres aguardó tembloroso y a escondidas que su último recurso, que evitaría la matanza de todo el pueblo, no fuera descuartizado por el sanguinario Goliat. Pero en el fondo de su conciencia no creían en el pequeño pastor de ovejas quien, cuando cortó la cabeza del enorme enemigo, le dio a los débiles la metáfora que para siempre justificaría sus triunfos. Los muchachos de la selección de béisbol intermedia son el David de Latinoamérica, y Dios nos bendiga, también de todo Panamá. Pero, también como el indefenso pastor, los chicos fueron a la batalla sin el respaldo real de sus paisanos. Desde el comienzo estuvieron solos; muy pocos les tendieron la mano. Ganaron el campeonato mundial no sólo con victorias en una cancha, sino conjurando la indiferencia y apatía de sus coterráneos y, sobre todo, ignorando la adversidad que estuvo a punto de dejarlos fuera de la competencia por falta de apoyo. Si los niños de la intermedia hubieran colgado los uniformes, decepcionados porque nadie les tendió la mano en los torneos previos, hoy Panamá no viviera la alegría de un campeonato mundial. ¿Qué hubiera pasado si David, a última hora, hubiera preferido no enfrentar al titán filisteo y esconderse con sus ovejas tras la misma pared donde se escondió Saúl? Tal vez la historia de occidente hoy fuera otra. Pero pudo más el llamado interior, como hoy ardía en los pechos de los seleccionados intermedios la voz que les pedía competir y luchar hasta el final. Aunque nadie les ayudara, aún cuando los dirigentes habían ido a tocar a muchas puertas, encontrando silencio y nada más. De esas puertas hoy salen políticos y empresarios que buscan fotos junto a los pequeños beisbolistas, para aprovechar la imagen de triunfadores que tienen. Un aplauso para nuestros campeones, no solo por el título mundial obtenido, sino porque no desfallecieron cuando casi todos les dieron la espalda.
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PUNTO CRITICO |
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