El número '9' está de moda en el mundo del salto de longitud. Irving Saladino, Dwight Phillips, entre otros 'jumpers', sueñan con abrazar esta marca de 'ficción'. En pleno Siglo XXI, la exigencia es cada vez mayor: el 22 de agosto, día de la final, el ganador tendrá que hacerlo con un brinco de proporciones galácticas, para que la prueba no cargue con el epíteto de la decepción.
Es la dupla Saladino-Phillips, principalmente, la que alimenta la delirante idea de que, en Berlín, ocurrirá algo fuera de lo normal.
El panameño viene de volar 8,63, en esta campaña, y el norteamericano, 8,74. Los dos mejores saltadores de la actualidad llegan a tono, en pleno ritmo. Dispuestos a dar el batacazo histórico que les asegure un lugar privilegiado entre los inmortales del deporte.
LA EVOLUCION DEL SALTO LARGO
Jesse Owens, en 1935, plantó un registro -en aquel entonces fenomenal- de 8,13, en una tarde de vítores en Ann Harbor, Michigan. Era la primera vez que un ser humano exploraba aquel terreno hasta ese entonces extraño. La 'divinidad', en tiempos del más enfermo racismo, tocó la puerta del mítico atleta estadounidense, a quien llamaban, por su condición de superdotado, el "Antílope de Ébano".
Owen inauguraba así la "era" del '8', distancia en la que "fácilmente" otros atletas aterrizarían ayudados, lógicamente, por el desarrollo de los métodos de entrenamientos y nuevas técnicas de salto.
Luego, ocurrió el espejismo, lo insospechado, lo que -según los especialistas- estaba reservado para los albores del Siglo XXI: Bob Beamon, otro negro norteamericano, dejó 'mudo' al mundo tras alcanzar la delirante distancia de 8,90, 'empujado', eso sí, por la altura del Estadio Olímpico de México, cuartel general de los Juegos Olímpicos de 1968.
"Este tipo pertenece a otro Siglo, no al XX", no dudaron en asegurar los expertos.
Antes del 'milagro azteca', la mejor marca personal de Beamon era de 8,33 y luego no pasó de los 8,22. Los 8, 90 mejoraron en 55 centímetros el récord anterior. ¡Una barbaridad!
Veintidós (22) años, 10 meses y 22 días duró la plusmarca de Bob, que sería fusilada en los Mundiales de Tokio, Japón, en 1991, por su coterráneo Mike Powell, que se encargó de poner a la especialidad a cinco centímetros (8, 95) de la frontera de los '9' metros, superando a Carl Lewis, segundo con 8, 91 (brinco que no se oficializó por haberse hecho con un viento ilegal de más de 2,0 m/s), en el -hasta hoy- duelo más memorable de todos los tiempos.
¿SON POSIBLES LOS '9'?
¿Será Saladino? ¿Será Phillips? ¿Estará el 'hombre 9' entre la actual generación de saltadores? Para Juan Carlos Álvarez, entrenador español, el chico de Colón puede ser el "hombre 9", aquel niño milagroso que andamos buscando. "Da la sensación que por la calidad de su batida (Saladino) no tiene límites", opinó el ibérico al diario El País de España.
Para Jeff Faraudo, especialista de deportes de pista y campo del Oakland Tribune, el repentino despertar de Phillips "eleva la sospecha y refuerza la certeza" de que es él -a sus 32 años- el ungido para inaugurar una nueva era en la modalidad.
"Estoy capacitado para saltar nueve metros", declaró recientemente Saladino al diario español AS. Y lo mismo dijo Phillips a USAToday.
Una corrida y entrada a la tabla perfecta; un viento levemente favorable y, como condimento adicional, un poco de 'suerte', son los elementos claves para esculpir la gran hazaña, a criterio del entrenador élite Florencio Aguilar, formador y descubridor de Jhamal Bowen y Saladino.
"Los grandes brincos acostumbran llegar de forma inesperada", añade Aguilar. "Así casi siempre ha sido".
Nueve metros, la última frontera.
DISTANCIAS: CM
Desde 1901 las mejoras del récord mundial del salto largo tienen una media de 0, 06 cm siendo la mayor de 0, 15 cm. A excepción de 1968, cuando Bob Beamon mejoró en 0,55 centímetros la plusmarca anterior.