La muerte de 24 panameños en el accidente de tránsito de Las Garzas de Pacora, así como la docena de heridos, reafirma que el problema del transporte en Panamá no es un asunto de modernización, sino de conciencia, porque de nada sirven los cambios en el sistema si la mentalidad de los conductores no cambia también.
Siempre habrá personas temerarias detrás del volante, cuyas acciones ocasionen accidentes. Lo que hace falta es que exista la certeza del castigo. Y para ello debemos contar con un sistema de justicia que deje de pensar tanto en las normas y adopte posiciones pragmáticas y contundentes.
Cuando un conductor ha cometido un número considerable de infracciones al reglamento de tránsito y todavía continúa detrás de un volante, es porque no existe respeto, ni por las leyes ni por la sociedad, así como tampoco un mínimo de justicia.
Las autoridades de Tránsito hasta ahora no han establecido métodos de control que impongan un permanente sentido de autoridad, porque hasta ahora solo se han realizado cambios superficiales.
Durante la administración anterior se modificó el método de otorgar la licencia de conducir para, supuestamente, imponer una serie de controles, pero lo cierto es que continúa ocurriendo más de lo mismo. Es más, se ha trasladado el proceso de revisado vehicular a talleres privados y, de manera curiosa, muchos accidentes se han dado por falta de mantenimiento.
Las investigaciones periodísticas descubrieron que al conductor del pesado vehículo se le habían impuesto 17 boletas.
Reportajes indicaron que el conductor había sido amonestado esa noche por agentes de la policía por manejar de forma desordenada. Si realmente hubiese un sistema de control a través de la licencia, se hubiera podido conocer su historial y evitar el doloroso acontecimiento.
Los accidentes de tránsito son un asunto inevitable, pero si no se aplica la ley, el sistema de justicia termina por convertirse en un cómplice indirecto de la impunidad.