"Es poco lo que podré llevar a mi casa, si el paro de educadores continúa", dijo muy triste Ramiro Guevara, vendedor de raspado de la ciudad de Santiago, quien en época de clases recorre al menos cuatro escuelas.
Guevara explicó, que desde hace muchos años se dedica a vender raspado en las escuelas, del cual obtiene de este negocio al menos la alimentación de su familia y algunos gastos que logra cubrir bajo muchas limitaciones porque el negocio está duro.
Si no hay estudiantes en las escuelas, que son los que consumen estos productos entonces no hay negocio y se pierde el hielo, miel, sirope, leche y otros artículos utilizados para la venta por que donde se compra no reciben la devolución.