El Oriente Medio es el escenario donde se ha estrenado una inédita modalidad de conflicto armado. Es el enfrentamiento entre el Estado de Israel, reconocido por la mayoría de las naciones del mundo y los clanes familiares o "jamulas", extremistas financiados por algunos gobiernos islámicos.
En esta región, cuna de las tres grandes religiones monoteístas donde, si se hiciera un análisis del ADN a biotipos allí asentados, podríamos encontrar innumerables ramificaciones familiares, existen dos importantes grupos de "jamulas", Hizbolá y Hamás, cuyas divisiones son políticas y militares y no solo ignoran el gobierno laico del Líbano, sino también el de Israel y el de la Autoridad Palestina.
Además, estos clanes familiares se apropian del derecho de declarar la guerra al gobierno y pueblo israelitas, en una creciente onda de violencia que tan solo deja destrucción, dolor y muerte. Encontrar una salida pacífica será un verdadero laberinto para las Naciones Unidas, porque llevar a estos violentos grupos a la mesa de negociaciones es un punto aún más conflictivo.
En cualquier evento donde tengan participación, estos grupos de terroristas se irrespetan a los gobiernos reconocidos por la comunidad de naciones, como en este caso han hecho con el del Líbano y el de la Autoridad Palestina, cuyos territorios usurpan abiertamente para lanzar sus ataques contra territorio israelí.
Líbano es un hermoso país, conocido como el Wall Street del Medio Oriente y ha pagado muy cara su solidaridad con los hermanos de esta región del mundo, sin dejar de mencionar la cruenta guerra civil que enfrentó dentro de su perímetro a cristianos y musulmanes hace algunos años.
A finales de la década del setenta del siglo pasado y por la acción de los elementos guerrilleros, Líbano fue ocupado por Israel con el propósito de crear una zona de seguridad, posteriormente fue ocupado por los sirios con la excusa de defenderlos de la presencia hebrea. Los sirios terminaron asesinando a los políticos y líderes libaneses.
En estos albores del siglo veintiuno, el estado laico del Líbano sufre la tragedia de encontrarse en medio de una confrontación de inimaginables resultados, iniciada por el secuestro por parte del Hizbolá, de dos soldados del ejército de Israel cuyas consecuencias nos las entregan a diario las cadenas internacionales de noticias.
Un detalle importante en esta deformación del derecho internacional, es que los Estados Unidos mantienen en cárceles de Guantánamo, Cuba, a fundamentalistas islámicos, capturados en Afganistán.
Con esta operación, la primera potencia del mundo inventa términos como el de combatiente enemigo, cuyas unidades son llevadas a las cárceles fuera de su jurisdicción nacional, realizando procesos penales amañados y lo peor es que los afectados no tienen acceso a una defensa justa y civilizada.