"La tacita de oro", así fue calificado nuestro bello Panamá en varias ocasiones. Ahora, algunas personas comentan que éste ya no posee ese inconfundible brillo y valor que tanto lo caracterizaba, por el deterioro que han tenido nuestros diferentes patrimonios.
¡Qué va, tranquilos!, no todo está perdido, ya que todavía quedan fragmentos de esa deslumbrante tasa, sólo es cuestión de seguir puliéndolos y lustrar los que hacen faltan.
Realizando un enfoque a nivel urbano, podemos encontrar uno de los más grandes patrimonios, reconocidos y admirados, Panamá La Vieja, un sitio histórico con muros que estaban a punto de derrumbarse por la falta de mantenimiento, ha logrado ser restaurado, gracias al interés de panameños y hasta extranjeros de visitarlo, conocerlo y valorar lo que muchos pensaban iba a desaparecer.
El Casco Antiguo, no podía dejar de mencionarse, por encontrarse lleno de significativas historias. Éste, poco a poco está siendo restaurado para de esa manera ser transformado en un centro cultural, aunque todavía falta. El Teatro Nacional, la Iglesia de San Francisco, el Palacio Presidencial y el Convento de Santo Domingo, son algunos de los puntos más visitados del Casco Antiguo, aseguran algunos de sus visitantes.
Según el sociólogo Raúl Leiss, tener conocimiento histórico y físico, acerca de los patrimonios de nuestro país, ayuda a elevar y mejorar nuestra cultura, ya que la historia que hay en cada patrimonio, de cierta forma, nos pertenece siendo esta la mejor manera de vivir, valorar y apreciar el pasado de cada pedazo de esas antiguas paredes.
Recuerda, que la belleza de Panamá depende de todos los que aquí habitamos.