Los beirutíes, ya más confiados con el alto el fuego, se acercaron a comprobar la desgarradora destrucción de los barrios chiítas del sur de la capital libanesa, bastión de Hizbulá donde la aviación israelí se empleó con extrema dureza durante los 33 días de conflicto.
Edificios de más de 10 plantas completamente aplastados, inmensos cráteres, montañas de hormigón destrozado por todas partes, miles de amasijos de hierro y cascotes, recibieron entre humaredas de polvo a los cientos de personas que se adentraron en las zonas más bombardeadas de Haret Hreik, Shiyah, Ghobeyreh o Reuis.
Muchos acudieron para comprobar lo que había quedado de sus hogares, abandonados semanas atrás, y se encaramaban a los montes en ruinas o rebuscaban entre los jirones de metal retorcido y las pocas paredes aún en pie para rescatar algo de sus pertenencias.
Otros se acercaron a los barrios para ver con sus propios ojos la destrucción o para ayudar voluntariamente en las tareas de desescombro, entre una omnipresente nube de polvo en suspensión que apenas dejaba respirar.
COMBATES
Hubo 34 días de conflicto entre Líbano e Israel, donde se lanzaron más de más de 4.000 cohetes contra poblaciones del norte de Israel, incluida Haifa, la tercera ciudad más grande de ese país.
Las fuerzas israelíes no lograron frenar la andanada de cohetes ni anotarse un triunfo decisivo.