De regreso a Manchester después de haber contribuido a la expulsión de su compañero Wayne Rooney en la Copa del Mundo de fútbol, Cristiano Ronaldo inicia una búsqueda de redención que se anuncia difícil, entre las tensiones internas del club y el rencor de los hinchas.
El jugador portugués de 21 años se convirtió en una de los objetivos preferidos de los tabloides ingleses desde la eliminación de Inglaterra en los cuartos de final del Mundial, el 1 de julio en Gelsenkirchen, privada de su delantero estrella expulsado en el minuto 62 y derrotado en los lanzamiemtos desde el punto de penal por Portugal.
Cuando Wayne Rooney pateó sobre el bajovientre al defensa portugués Ricardo Carvalho, Cristiano Ronaldo se precipitó hacia el árbitro, para incitarle a sacar la cartulina roja. Una cámara había recogido a continuación la mirada del portugués, sonriendo después de la eliminación de su compañero de club.
A pesar de una campaña muy agresiva, la prensa inglesa no logró la marcha del "wonderboy" portugués del Manchester United pero se deleita, desde el primer entrenamiento que reunió el lunes a Cristiano Ronaldo y Wayne Rooney, con las tensiones reales o supuestas entre los dos jugadores.
"El único lugar donde Wazza (apodo de Rooney) quiere enterrar el hacha de guerra, es en la cabeza de Ron" (Ronaldo), titulaba a principios de julio el Sun.
Después de haber amenazado "con cortar en dos" a su compañero con un pico, Wayne Rooney, el prodigio inglés de 20 años, se esforzó en relativizar el incidente en su autobiografía aparecida después del Mundial, y luego selló la reconciliación oficial almorzando el lunes con Cristiano Ronaldo y su entrenador.
Pero los diarios ingleses, al recordar las amenazas de muerte recibidas por el atacante portugués hacen hincapié en el dispositivo de seguridad "antimotines" adoptado por el Manchester a su regreso y especulan sobre el recibimiento que le reservarán los hinchas en la reanudación del campeonato, el 20 de agosto contra Fulham.
La cadena Sunsport afirmaba así el lunes que Ronaldo había pedido a su familia no volver a poner los pies en Inglaterra para ahorrarle la venganza popular.