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Era una ejemplar empleada doméstica, una "nana" que atendía a dos niños con amor y cariño... ¡hasta que tuvo la osadía de querer estudiar en la Universidad! La señora no deseaba pasarse toda su vida como doméstica. Se sentía con suficiente talento para emprender una carrera universitaria.
Así sería un ejemplo para su niño (madre soltera, por supuesto), que ya estaba en la escuela.
Pero su patrona no pensaba igual. Para ella lo único que le importaba era tener una moderna "esclava", que podía utilizar a cualquier hora del día y de la noche.
Esa patrona no comprendía que todo el mundo tiene derecho a superarse; a labrarse un futuro mejor que el actual presente.
Por eso comenzó a molestarle que la joven se fuera en la tarde, cuando comenzaban sus clases en la Universidad (pasó sin problemas los exámenes de admisión).
Primero fue que la patrona no podía estar esa tarde, porque tenía un compromiso. Entonces quería que su empleada dejara de asistir a clases para que le siguiera cuidando los niños.
Luego de este "roce" hubo otros, porque la patrona comenzó a "velársela" a la doméstica. Le criticaba cualquier cosa, que antes no le importó.
Le gritaba que no era eficiente, que estaba dejando de atender a los nenes por sus estudios.
El asunto llegó a los extremos hasta que botó a la empleada. No tomó en cuenta las horas extras que nunca le pagó, ni el cariño que tenía la joven por sus hijos.
Ante sus amistades, la patrona hablaba horrores de la antigua empleada. Y algunas de sus amigas se callaban el decirle que la razón del despido fue el hecho de que la "nana" quería estudiar en la Universidad.
Este hecho, que no es único, sucede a pesar que el Código del Trabajo señala el derecho de una empleada doméstica de estudiar en sus horas libres.
Esas horas libres existen, aunque la empleada duerma en el lugar donde trabaja. Ya los tiempos de la esclavitud del servicio doméstico ha debido terminar. Pero en la realidad de la vida a veces no se cumplen esta disposiciones legales.
A esa empleada y a cualquier otra que se encuentre en una situación parecida, les digo que no se rindan, que estudien y consigan una carrera. Que ellas tienen todo el derecho a superarse de manera intelectual y culturalmente.
No es una vergüenza el trabajo doméstico. A esa patrona abusiva, pues ¿qué se le va a poder decir? Seguramente le entrará por un oído y le saldrá por el otro.
Si esa patrona puede burlarse de las leyes de los hombres, no lo podrá hacer con las leyes de Dios. Porque lo que ha hecho no es humano ni justo.
(Recuerdo cuando algunas familias "educaban" a un samblasino, a cambio de tenerlo de empleado en la casa. Explotaban al máximo a estos niños, que por ir a la escuela en la capital se convertían en esclavos modernos. Por suerte ya pasó esa "moda").
El estudio es una de las formas más efectivas de subir en la escala social y económica de Panamá. ¡Criminal es negarle esta oportunidad a otro ser humano! |