EDITORIAL
Cuando se pierden las proporciones y se abusa de los adjetivos
Las efemérides nacionales
registran en esta fecha la muerte de dos militares con el rango de General:
Esteban Huertas, que como Comandante del Batallón Colombia fue factor
decisivo en la emancipación del Istmo de Panamá el 3 de noviembre
de 1903, y de Omar Torrijos, fallecido en misteriosas circunstancias al
estrellarse el helicóptero en que viajaba en las faldas de Cerro
Marta el 31 de julio de 1981.
Torrijos, quien a juicio del Presidente Ernesto Pérez Balladares
"es la personalidad política panameña más completa
del siglo", tal como lo declaró hace dos años, todavía
sigue recibiendo el rechazo de ciudadanos que no le ven estatura al ex General
para compararse con los estadistas doctores Harmodio y Arnulfo Arias, Belisario
Porras, don Roberto F. Chiari, Ernesto de la Guardia, Carlos Mendoza o Enrique
A. Jiménez.
Cuando dio esas declaraciones, Pérez Balladares perdió
de vista las proporciones, ya que el militar que encabezó un régimen
de facto y que cercenó la libertad de expresión, no puede
en modo alguno reclamar méritos cuando instauró una dictadura
castrense, apoyada por su brazo político, el PRD.
Los panegiristas de Torrijos exaltan que le puso fecha de cumpleaños
a la presencia norteamericana en la antigua Zona del Canal, pero con el
actual régimen perredista se dan contradicciones cuando se proyecta
instalar en Panamá un Centro Multilateral Antidrogas.
Resulta paradójico que las conquistas sociales que se le atribuyen
a "la personalidad política de este siglo" el gobierno
de Pérez Balladares las eche a un lado y se sigan dando privatizaciones
de instituciones del Estado, además de golpear al sector agropecuario
con la ley de aranceles. Y cada vez más aumenta la extrema pobreza,
el desempleo, y el descontento popular, en momentos que se anuncia que se
harán recortes presupuestarios en todas las oficinas públicas.
A 17 años de la muerte de Torrijos, aún no se despejan
las incógnitas sobre este suceso acaecido en Coclesito. Parece que
las muertes violentas de los militares están condenadas a no esclarecerse
porque la del General José A. Remón, ocurrida el 2 de enero
de 1955, todavía sigue impune.
El trauma de Torrijos, primero y Noriega después, se diluye en
el tiempo y la distancia y ni los mismos perredistas deben desear que se
repita esa era de terror. Esta debe ser una lección para no repetirla
nunca jamás y menos con un Presidente que pierda las proporciones,
ya que la noche del militarismo quedó atrás.


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| AYER GRAFICO |
| Romería al mausoleo de Omar Torrijos en el primer aniversario de
su muerte. |


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