Viernes 31 de julio de 1998

 








 

 

EDITORIAL
Cuando se pierden las proporciones y se abusa de los adjetivos

L
as efemérides nacionales registran en esta fecha la muerte de dos militares con el rango de General: Esteban Huertas, que como Comandante del Batallón Colombia fue factor decisivo en la emancipación del Istmo de Panamá el 3 de noviembre de 1903, y de Omar Torrijos, fallecido en misteriosas circunstancias al estrellarse el helicóptero en que viajaba en las faldas de Cerro Marta el 31 de julio de 1981.

Torrijos, quien a juicio del Presidente Ernesto Pérez Balladares "es la personalidad política panameña más completa del siglo", tal como lo declaró hace dos años, todavía sigue recibiendo el rechazo de ciudadanos que no le ven estatura al ex General para compararse con los estadistas doctores Harmodio y Arnulfo Arias, Belisario Porras, don Roberto F. Chiari, Ernesto de la Guardia, Carlos Mendoza o Enrique A. Jiménez.

Cuando dio esas declaraciones, Pérez Balladares perdió de vista las proporciones, ya que el militar que encabezó un régimen de facto y que cercenó la libertad de expresión, no puede en modo alguno reclamar méritos cuando instauró una dictadura castrense, apoyada por su brazo político, el PRD.

Los panegiristas de Torrijos exaltan que le puso fecha de cumpleaños a la presencia norteamericana en la antigua Zona del Canal, pero con el actual régimen perredista se dan contradicciones cuando se proyecta instalar en Panamá un Centro Multilateral Antidrogas.

Resulta paradójico que las conquistas sociales que se le atribuyen a "la personalidad política de este siglo" el gobierno de Pérez Balladares las eche a un lado y se sigan dando privatizaciones de instituciones del Estado, además de golpear al sector agropecuario con la ley de aranceles. Y cada vez más aumenta la extrema pobreza, el desempleo, y el descontento popular, en momentos que se anuncia que se harán recortes presupuestarios en todas las oficinas públicas.

A 17 años de la muerte de Torrijos, aún no se despejan las incógnitas sobre este suceso acaecido en Coclesito. Parece que las muertes violentas de los militares están condenadas a no esclarecerse porque la del General José A. Remón, ocurrida el 2 de enero de 1955, todavía sigue impune.

El trauma de Torrijos, primero y Noriega después, se diluye en el tiempo y la distancia y ni los mismos perredistas deben desear que se repita esa era de terror. Esta debe ser una lección para no repetirla nunca jamás y menos con un Presidente que pierda las proporciones, ya que la noche del militarismo quedó atrás.

 

 

 

 


 

AYER GRAFICO
Romería al mausoleo de Omar Torrijos en el primer aniversario de su muerte.


CREO SER UN BUEN CIUDADANO
Sin embargo, abandono a los ancianos.


OPINIONES



 

 

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