Viernes 31 de julio de 1998

 








 

 

FAMILIA
Las políticas públicas del Estado no favorecen a la familia

Francisco Beens


POSIBLES VIAS DE SOLUCION

Aceptemos que lo leído en esta columna sobre la familia es bastante sombrío y no es precisamente muy halagador. Pero, así es nuestra realidad. Y mientras no la reconozcamos y no la aceptemos como nuestra, por más cruda que sea, no nos será posible iniciar un proceso de saneamiento y de recuperación.

En cuanto a las respuestas ante la situación actual existen dos tendencias opuestas:

  • Por un lado existe la tendencia muy normal de querer retornar a sus raíces tradicionales de la cultura y de la religión. Muchos esperan encontrar en ellas la solución al "caos" actual. Existe, sin embargo, el peligro no tan imaginativo que este retorno se convierta en un fundamentalismo y fanatismo irracional, "una expresión de la inmensa decepción experimentada ante el modelo occidental de modernización, consumo, crecimiento económico y progreso social que nunca ha cumplido su promesa en la mayoría de los países en vías de desarrollo y que ha llevado deshumanización a las regiones industrializadas".
  • Por otro lado existe también la tendencia de querer racionalizar y justificar todo. En este sentido cualquier tipo de matrimonio y familia es bueno. Es la tendencia de declarar como moralmente aceptable todo lo que es factible: es, pues, aceptar un relativismo absoluto, característica de la cultura postmoderna. Y es precisamente esta tendencia la que nos ha llevado al "caos".

Personalmente creemos que hay que superar ambas tendencias:

  • Por un lado hay que aceptar y promover los valores del matrimonio y de la vida familiar que se inspiran en el cristianismo porque todo parece indicar que sus modelos son los más humanizados.
  • Y por otro lado hay que aceptar que no todo el mundo debe o pueda vivir estos valores ya sea por razones culturales, ya sea por razones personales.

Por nuestra parte, estamos convencidos que la situación actual nos brinda una oportunidad única de forjar un nuevo tipo de matrimonio y de familia, mucho más humano y basado sobre un mayor sentido de igualdad, de equidad, de respeto y de responsabilidad compartida. La evidente crisis actual debe verse como una crisis de crecimiento, o bien nos estancamos e iremos de mal en peor, o bien asumimos el reto de la historia. La renovación, sin embargo, no vendrá así por así, caída del cielo. Será el resultado de todo un proceso de crecimiento, de maduración y de una verdadera humanización, tanto al nivel personal como al nivel de la comunidad nacional, pero sobre todo a nivel de las parejas.

También debemos reconocer que existe a nivel mundial una toma de conciencia cada vez mayor del gran valor de la familia y de la urgente necesidad de apoyar y de promover la misma como célula básica de la sociedad y de donde debe surgir una verdadera renovación de la misma sociedad. El mero hecho que las Naciones Unidas proclamó el año 1994 como el Año Internacional de la Familia ya es en sí muy significativo.

Además, debemos estar conscientes que la situación de los valores y de la familia tal como se presenta dentro de nuestra comunidad nacional, no es una situación aislada. Tal como lo demostramos anteriormente, es el resultado de una evolución histórica de varios siglos.

 

 

 

 



 

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